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Gianfranco Pasquino: “Milei es el producto de una democracia que funcionaba mal” #entrevista @clarincom


El prestigioso politólogo italiano analiza de qué modo los avances espasmódicos de la derecha afectan a Europa y hasta dónde los volantazos desesperados de los políticos de turno desgastan la democracia.
Autor Marina Artusa 04/08/2024
Detrás de los reflectores que en estos días apuntan a Francia por ser la exquisita escenografía de los juegos olímpicos, nadie pierde de vista el escenario político incierto que preocupa a los franceses luego de las elecciones legislativas que el presidente Emmanuel Macron anticipó como respuesta reflejo al triunfo jugoso de la extrema derecha en las urnas para renovar el Parlamento europeo.
En cuatro días, los partidos de izquierda formaron el Nuevo Frente Popular, que no sólo frenó a la derecha de Marine Le Pen en la segunda vuelta de las legislativas sino que se propone “romper con la política de Macron”. El politólogo italiano Gianfranco Pasquino analiza de qué modo los avances espasmódicos de la derecha afectan a Europa y hasta dónde los volantazos desesperados de los políticos de turno desgastan la democracia.
-Después de las elecciones legislativas anticipadas, ¿Francia quedó acorralada?
-Marine Le Pen no ha tenido nunca la posibilidad de ganar. Son ustedes, los periodistas, quienes pensaron que ganaba. En la primera vuelta, obtuvo un cierto número de votos, y en la segunda, perdió. Francia no está acorralada. Avanzó y cuenta con puntos de resistencia que son fuertes y que forman parte de su historia. Siempre ha tenido estos grupitos de derecha. Marine Le Pen representa algo que es francés, pero que no puede vencer. ¿Está en crisis la democracia francesa? Ni por un segundo.
-¿Hay que temerle a la derecha de hoy?
-Temerle, no. Pero hay que estar ligeramente preocupado. España tuvo el franquismo durante más de cuarenta años. Alemania tuvo el nazismo, que no era un hecho marginal. Italia tuvo el fascismo… La derecha siempre existió en Europa. En algunos casos ha ganado. Tal vez hemos aprendido o nos hemos vacunado.
–Es decir que usted está de acuerdo con el historiador y lingüista Luciano Canfora cuando afirma, tal como señala el titulo de su último libro, que el fascismo nunca murió.
-Siempre me cuesta estar de acuerdo con Luciano Canfora. No sé qué es el fascismo para Canfora. El régimen autoritario fascista fue derrotado entre el 25 de julio del 43 y el 25 de abril del ’45. Esto es seguro. Los comportamientos fascistas existían antes del fascismo y continuaron también después. Desde este punto de vista, algunos comportamientos fascistas forman parte de la sociedad italiana. El antifascismo tampoco terminó. Existe. En Francia fueron a votar contra el fascismo. Fue un voto antifascista.
-La izquierda, por su parte, ¿se está equivocando?
-Sí, la izquierda se equivoca a menudo porque exagera. Exagera, por ejemplo, cuando dice: “Recibamos a todos los inmigrantes”. No. No podemos dar acogida a todos. Es preciso encontrar criterios. Se equivoca cuando postula que es preciso eliminar todas las desigualdades. No. Porque las personas quieren ser diversas. Exagera en esta dirección igualitaria. Cae en el “buenismo”. A veces es demasiado permisiva y crea consecuencias negativas para los sectores sociales más bajos. Este es un grave error de la izquierda.
-¿Y los populismos? ¿Prosperan en Europa?
-No logro bien identificar qué significa el populismo en Europa hoy. Marine Le Pen no es populista. Es nacionalista. Giorgia Meloni no es populista. Es soberanista. El populismo requiere una sociedad en parte movilizada y poco organizada. Y por eso se da en América latina. Pero es necesario contar con partidos bien estructurados para hacer política. (Juan Domingo) Perón era bastante populista.
-¿Qué sucedió entonces con las ideologías? ¿Sucumbieron a la política?
-Las ideologías se desmoronaron con la caída del muro de Berlín. El 9 de noviembre del ’89 caen también las ideologías. Porque la ideología que importaba era la ideología comunista. Si existe el comunismo, es preciso desarrollar una ideología democrática-cristiana, una ideología liberal, etc. Cuando cae el comunismo, no hace más falta y no hubo más ideólogos. No hubo más grandes intelectuales. El último gran intelectual europeo que queda es (el filósofo político y sociólogo alemán Jürgen) Habermas. Ninguno más. Las ideologías no existen más. Después podría decir que sí hay una ideología que es el europeísmo, que nos permitirá avanzar sólo si construimos una Europa próspera, pacífica, justa.
-El ex primer ministro italiano Giuliano Amato afirma que Europa es el continente más avanzado y en más decadencia. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?
-Giuliano Amato tiende a ser siempre muy creativo. Europa es, sin duda, el continente más avanzado, el espacio más grande de libertad y de derechos que jamás haya existido en el mundo. ¿En decadencia? Sólo sobre algunos aspectos. El demográfico: pero Europa atrae. Hay menos europeos pero hay muchísimos inmigrantes que se convertirán en europeos. Por lo tanto, la parte de la decadencia, como diría Mark Twain sobre la noticia de su muerte, es un poco prematura.
-¿Qué quedó de aquel proyecto de una Europa próspera y pacífica al que se apuntó después de la Segunda Guerra Mundial?
-El proyecto tuvo éxito. Europa es un continente de prosperidad y de paz. Porque las guerras no están dentro de Europa sino en países que estaban en los márgenes, como Serbia, Croacia o como ahora Rusia contra Ucrania. Pero los países europeos no se han declarado guerras entre ellos. El proyecto fue exitoso. El problema es plantearse qué hay luego del éxito.
-¿Conoce la respuesta?
-La respuesta es alargarse, extenderse a otros países. A Georgia, a Turquía, que es un gran desafío. Y hasta Rusia. Cuando le preguntaron a Mitterrand cuáles eran los límites de Europa, él respondió que Europa va desde el Atlántico a los Urales. Se podría pensar en admitir en Europa a la Rusia europea. Naturalmente no a la Rusia asiática. Esto se puede hacer todavía.
-¿Cómo se podría hacer?
-Sería necesario, en este caso, decirle a Putin: “Estamos dispuestos a tener a Rusia en Europa si usted acepta los criterios del estado de derecho, libertades civiles, fin de la pena de muerte”. Es un desafío.
-¿Usted cree que Putin sería capaz de negociar eso con Europa?
-El, no. Pero no nos tiene que importar Putin. No va durar demasiado. En poco tiempo alguien lo destituirá. Es con los próximos gobernantes rusos con quienes se puede iniciar un diálogo, que puede comenzar por la desmilitarización de ciertas zonas, un comercio más amplio, libertad de circulación, cultura.
-¿Quién debería liderar esa iniciativa?
-Deberían ser algunos grandes estadistas que en el origen de la Unión Europea existían. Ahora no veo ninguno. Pero puede ser que surjan.
-¿Cuáles son los principales problemas de la democracia hoy?
-Hay una democracia que es la ideal, que es la que quisiéramos todos: donde se trata bien a las personas, los gobernantes no roban y donde todos pueden hacer, de algún modo, lo que desean. Esa es nuestra democracia ideal. La democracia como justicia social fundamentalmente. Y ésta no está en crisis porque todo el mundo diría que es la democracia que anhelaría. Luego están las democracias reales y cómo funcionan los sistemas políticos democráticos. Todos tienen los problemas. Algunos son institucionales, como probablemente sucede en Argentina. (Javier) Milei es el producto de una democracia que funcionaba mal.
-¿Y con él en el poder?
-Con él funciona bastante mal porque la idea de derrotar al mal por completo es impracticable. Y él no es un gradualista. Creo que no lo logrará y que en las próximas elecciones perderá.
Señas particulares
Gianfranco Pasquino nació en Turín, hace 82 años, y es activo en su cuenta de X como si fuera un adolescente. Enseñó Ciencias Políticas durante 43 años en la Universidad de Bologna donde, desde 2014, es profesor emérito. Integra la Accademia Nazionale dei Lincei, la academia científica más antigua del mundo. Es uno de los fundadores de la Revista Italiana de Ciencia Política.
Giorgia Meloni: muy conservadora sí, fascista no #Opinión @clarincom

En las elecciones del 25 de septiembre de 2022, Giorgia Meloni (Roma, 1975), fundadora y líder de Fratelli d’Italia, llevó a su partido a convertirse, por lejos, en el primer partido italiano, obteniendo el 26% de los votos. Con los partidos aliados, la Lega de Matteo Salvini y Forza Italia de Berlusconi, el centroderecha tiene una clara mayoría de escaños tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.
Por primera vez en su larga historia, la República Italiana tendrá a una mujer, expresión de un partido sustancialmente masculino, al frente del gobierno. El voto de los italianos ha premiado algunos elementos importantes de la política de Meloni.
En primer lugar, haber sido la única oposición a los tres gobiernos formados en el periodo 2018-2022. En segundo lugar, haber hecho una oposición seria sin gestos llamativos y folclóricos, sin insultos a los adversarios políticos, sin promesas tan milagrosas como irrealizables. Por último, su capacidad para representar a los muchísimos (quizá incluso demasiados) italianos que ciertamente son conservadores en lo político y en lo cultural y piensan que en la Unión Europea Italia ha perdido su soberanía.
Mientras que Salvini se muestra confundido y ambiguo con respecto a Europa y Berlusconi se jacta de ser pro europeo y liberal, Meloni es sin duda soberanista. Su objetivo es recuperar la soberanía perdida.
Yo considero que es un error llamarla populista. Más bien es fuertemente nacionalista como sus, en mi opinión vergonzosos, aliados europeos: los españoles de Vox, los húngaros de Orbán, los polacos del Partido de la Ley y la Justicia.
Tanto en Italia como en Europa y Estados Unidos se han expresado muchas preocupaciones y temores sobre el retorno del fascismo. Son preocupaciones esencialmente infundadas. Meloni es ciertamente post-fascista y lo ha declarado con claridad.
Por otro lado, no existe hoy en Italia ninguna de las condiciones que llevaron a la victoria de Mussolini hace casi cien años, el 28 de octubre de 1922. Las preocupaciones tienen mayor fundamento en la ideología de Meloni y los Fratelli d’Italia y las políticas que pueden seguir.
Cualquier posible enfrentamiento con la Unión Europea, que le ha asignado a Italia 230.000 millones de euros para que los gaste en programas de modernización tecnológica, protección del medio ambiente y reactivación económica, tendría consecuencias gravísimas.
Sin embargo, es sobre la visión social, cultural e institucional de Italia por parte de Meloni y su partido por la que es correcto tener reservas y críticas. Aunque el lema del partido “Dios, Patria, Familia” fue formulado por primera vez en Italia por el republicano Giuseppe Mazzini durante el Risorgimento, posteriormente fue usado de forma instrumental por Mussolini y el fascismo.
La utilización política de la religión, la exaltación de la patria (Meloni se autodenomina a menudo “patriota” frente a la izquierda, internacionalista y sin patria), el apoyo absoluto al tipo de familia tradicional: un hombre, una mujer, el matrimonio, los hijos de su propia “producción”, caracterizan a no pocos gobiernos y regímenes autoritarios.
Se traducen en comportamientos homófobos y actitudes muy críticas y represivas hacia los estilos de vida alternativos.
Aunque Meloni dijo que no quiere cuestionar la regulación del aborto, ha insinuado que la aplicación de la ley será más estricta, más rígida, probablemente restrictiva. Naturalmente, no será nada fácil extender la ciudadanía italiana a los inmigrantes y sus hijos.
Por último, Meloni y con ella Salvini y Berlusconi creen que la forma de gobierno designada por la constitución italiana, es decir, una democracia parlamentaria, es responsable de la lentitud en la toma de decisiones y de la dificultad para atribuir claramente la responsabilidad política a los gobernantes e incluso a los opositores.
Meloni ha propuesto el paso al presidencialismo a la francesa, pero no ha dicho nada sobre la ley electoral. Es un desafío a la izquierda, que teme, en parte exagerando, en parte erróneamente, un deslizamiento autoritario. Personalmente, me preocupa el amateurismo de los autodenominados reformistas constitucionales y el propósito encubierto de controlar el poder judicial y reducir su autonomía.
En conclusión, no cabe duda de que el gobierno que Giorgia Meloni se dispone a dirigir será el más derechista de la larga historia de la Italia republicana. No se convertirá nunca en un gobierno fascista, pero es posible que intente limitar parte de la libertad de expresión y de acción de los italianos.
Estoy convencido de que las instituciones italianas son sólidas y de que la Unión Europea actuará como freno y contrapeso de eventuales violaciones. Dicho esto, para la política italiana los tiempos que vienen no serán fáciles. Podrán resultar tormentosos, pero no fascistas.
Traducción: Román García Azcárate.
Gianfranco Pasquino es Profesor emérito de Ciencia política y autor de “Bobbio y Sartori. Comprender y cambiar la politica” (Eudeba 2021)
28/09/2022 Clarín.com