Desafortunadamente no hay estabilidad política en A. Latina: Pasquino @ElNuevoSiglo

GIANFRANCO PASQUINO, referente mundial en Ciencia Política y quien fue el invitado principal a la Semana del Politólogo organizada por la Universidad San Buenaventura, sede Bogotá, habló en exclusiva con EL NUEVO SIGLO sobre el futuro político de la región y sus percepciones sobre los procesos electorales del continente.

EL NUEVO SIGLO: ¿Cuál es su opinión de la polarización política en América Latina y cómo podría afectar la estabilidad regional?

GIANFRANCO PASQUINO: Desafortunadamente no hay una estabilidad política regional en América Latina. Siguen siendo indispensables las elecciones libres y respetuosas, especialmente con las oposiciones. Los problemas de los latinoamericanos tienen soluciones que independiente y solamente de manera autónoma los gobiernos de cada país pueden resolver. Mi opinión, que puedo defender con fuerza y con muchas razones, experiencias y libros, es que los populistas siempre seguirán siendo el problema y nunca serán la solución.

El continente siempre se ha visto desbordado de personalismos a través del presidencialismo, donde se premia a la persona y sus ideas, y no al partido, sea de izquierda o de derecha.

Indiscutiblemente, la región deberá afrontar el tema de la situación de inestabilidad política de Venezuela, que es un factor de crisis de inmenso impacto, asimismo deberá procurar instar al restablecimiento de la democracia a través del fortalecimiento de los partidos políticos y de garantías electorales, sin embargo, todo está por verse.

En conclusión, el panorama político de América Latina no se puede pintar como una marea roja o azul, su futuro y estabilidad dependerá de la capacidad de los dirigentes que lo regentan.

ENS: ¿Cómo ve el proceso electoral venezolano y la continuidad de Nicolás Maduro del poder?

GP: Maduro tiene que irse, así de claro y contundente.

El proceso electoral venezolano ha sido manipulado. La oposición debe intentar construir una fase de transición con procedimientos democráticos e incluyentes. Venezuela por historia, pese al chavismo, siempre ha sido un país democrático y llegó el momento de revitalizar sus tradiciones democráticas y participativas.

Hoy está nación es un caso muy triste, pero no perdido. Sigo creyendo y apostando por una transición de gobierno por las buenas y un cambio que permita reestablecer la democracia.

Solo el destino nos dirá qué deparan las “elecciones” y si el régimen de Nicolás Maduro llega a su final, ojalá por medio de la negociación y no por la fuerza.

Por lo pronto, considero que Estados Unidos seguirá generando presión hasta lograr que Maduro salga, seguramente por medio de sanciones económicas, pero el discurso cambiará y se volcará hacía un nivel más diplomático, que buscará el restablecimiento de la democracia sin entrar en amenazas bélicas.

ENS: ¿Cuál es su opinión sobre el proceso constitucional en Chile?

GP: Chile también tiene una larga tradición democrática. En esta nación existe una amplia ciudadanía democrática y una mayoría de políticos que saben distinguir y diferencial entre una democracia y un régimen autoritario. En 1988, en otro plebiscito, y en el 1989, cuando se realizaron las elecciones presidenciales, yo fui observador parlamentario en este país. Hoy con mucha alegría veo que ha vuelvo la democracia a la nación austral.

El proceso constitución que recién vivió fue un paso tremendamente importante, el plebiscito fue una decisión en contra de elementos poco democráticos de la constitución antigua, que abre el camino a una nueva ola de democratización. Esperemos que la asamblea logre manifestar claramente las reglas para la construcción de una nueva sociedad, más incluyente y más equitativa.

Finalmente, estoy convencido que los chilenos van escribir una excelente constitución y a mejorar el funcionamiento de la democracia.

ENS: ¿Cuáles podrían ser los efectos en la política exterior de Estados Unidos la elección de Joe Biden?

GP: Biden va a ser un presidente muy equilibrado que sabe cómo negociar sin enfrentarse con China, sin mostrarse débil con Rusia, sin hacer interferencia en la política de los países latinoamericanos, pero, con la convicción que por encima de todo y de cualquier interés, defenderá los Derechos Humanos e individuales. Biden intentará, además, reconstruir un orden internacional liberal con mucha atención al medioambiente y a los acuerdos de Paris. En esto se concentrará para desarrollar sus principales acciones en política exterior, por lo menos al inicio de su gobierno.

En cuanto a Rusia, Biden tendrá que lidiar con una relación histórica y tradicionalmente tensa, pues la nación de Putin sigue siendo fuerte y determinante en la geopolítica europea y seguirá incidiendo fuertemente sobre esta región, poniendo quizá en riesgo, sino se maneja bien, los intereses de los Estados Unidos en esta parte del hemisferio.

De otra parte, con China, Biden no se va a desgastar manteniendo un conflicto o guerra comercial. El gigante asiático tiene otros intereses, particularmente en África o América Latina como zonas de influencia comercial. Puede que regresen a China los aíres tensos o belicosos, pero sobre su esfera de influencia geopolítica cercana, no como para pensar una guerra con Estados Unidos.

ENS: ¿Y cuáles podrían ser las consecuencias para América Latina?

GP: Consecuencias buenas, positivas, pero no automáticas. Los gobernantes de los países de América Latina deben explotar la oportunidad de la presidencia Biden para establecer relaciones económicas, culturales y políticas que contribuyan al desarrollo.

Estados Unidos tiene muchos problemas internos, así que esa será su prioridad, tratar de unificar, de generar consenso, de disminuir la xenofobia, el racismo. En otras palabras, Latinoamérica no es su prioridad, tiene otra agenda geopolítica a la cual darle mayor importancia. Esto podría convertirse en una ventaja comparativa para el devenir de los pueblos de la región.

ENS: ¿Qué lecciones pueden sacarse de la gestión del covid-19 en Europa?

GP: Las cifras siguen en un aumento, lo cual evidencia que los italianos algo estamos haciendo muy mal. En otras palabras, no somos ejemplo a seguir, por lo menos en términos de manejo de la pandemia.

Actualmente los casos diarios de Covid–19 sobrepasan los 30 mil positivos y se registran cada 24 horas no menos de 300 muertes. Hemos superado el millón de contagios desde que inició la mortal pandemia. Hoy el número total de fallecidos por el letal virus ya ronda los 42 mil.

Por lo tanto, la principal lección es que el covid-19 existe, no es un simple resfriado y nos está matando.

Es una pandemia que va a perdurar en el tiempo y que será mortal para muchas personas y en muchas latitudes. Ahora es cuando más necesitamos respetar las reglas y no bajar la guardia. En Italia, y lo digo con vergüenza, no creímos en el impacto de este virus y hoy enfrentamos las consecuencias.

La pandemia en resumen es un test de inteligencia y de sentido cívico que nos probará una y otra vez. No será un paréntesis y va a durar mucho tiempo, producirá muchas desigualdades por muchos años y debemos afrontarla de manera multilateral. Para esto se requiere del esfuerzo de todos para derrotarla. En el caso puntual de la Unión Europea, hay un poco más de experiencia y recursos; pero en América Latina, al contrario, se requieren mayores esfuerzos pues de lo contrario se dispararán, entre otros, los índices de pobreza y miseria en la región.

Bogotá Noviembre 14, 2020 El Nuevo Siglo

Allargare gli sguardi non le intese

“Allargare la maggioranza” ha un solo significato tecnico e politico: includere qualche rappresentante di Forza Italia come ministro e sottosegretario. Dunque, implica una crisi di governo, rapida, pilotata, dalla conclusione certa, vale a dire la formazione di un nuovo governo di intese abbastanza larghe. Non larghissime poiché né Salvini né, soprattutto, Giorgia Meloni, determinata a volere una netta vittoria elettorale, sono disposti ad accettare di farsi inglobare in quello che sarebbe un ruolo di corresponsabilità di scelte e di politiche che non vorrebbero fare.

L’allargamento del perimetro governativo mi pare sostanzialmente improponibile poiché inaccettabile dal Presidente del Consiglio e, probabilmente, da un ampio nucleo dei Cinque Stelle. Diverso, invece, è il discorso sull’accettazione volta per volta del contributo parlamentare proveniente dai deputati e, in special modo, dai senatori di Forza Italia. Da un lato, quei voti possono essere necessari per supplire al dissenso di alcuni esponenti pentastellati, dall’altro, consentono a Berlusconi, che ne ha molto bisogno, di evidenziare un suo persistente e significativo ruolo politico. D’altronde, Berlusconi non può abbandonare in maniera drastica la coalizione di centro-destra alla cui eventuale futura vittoria rimarrebbe comunque indispensabile, ma al tempo stesso, come si è visto nella votazione che ha consentito di respingere l’attacco di Vivendi a Mediaset, continua ad avere bisogno di benevolenza da parte dei governanti per le sue moltissime imprese economiche.

L’ampio lessico politico italiano plasmato nei lunghi anni della prima fase della Repubblica (1948-1992) battezzerebbe quel che può succedere come maggioranze “a geometria variabile”. Ad esempio, continuando l’opposizione dei Cinque Stelle al ricorso ai fondi del MES per spese sanitarie, toccherebbe ai parlamentari di Forza Italia fornire i voti necessari per richiederli. Però, è facilmente immaginabile che dopo quel voto la fibrillazione nei Cinque Stelle e nella compagine governativa diventerebbe quasi insostenibile.

Guardando fuori d’Italia, senza in nessun modo sottovalutare le difficoltà italiane e le loro specificità, è facile constatare due importantissimi fenomeni. Primo, in nessuna delle democrazie degli Stati-membri dell’Unione Europea si è avuta una crisi di governo. In tutte, i governi attualmente in carica sono gli stessi che esistevano all’inizio della pandemia. Secondo, in nessun paese la maggioranza di governo è cambiata nella sua composizione, meglio, si è “allargata” (non si è neppure ristretta). Nessuna democrazia è andata nella direzione di un governo di larghe intese. Certamente, le decisioni sono tutte nelle mani dei governanti nazionali, ma altrettanto certamente tutti i capi di governo (e la Commissione Europea) preferiscono trattare con governanti saldi nelle loro cariche, in grado di accettare impegni, anche a lungo termine, e di rispettarli. Buoni rapporti governo/opposizione non debbono necessariamente sfociare in una nuova maggioranza.

Pubblicato AGL il 19 novembre 2020

M5S, gli Stati Generali sono una buona notizia. Pasquino spiega perché @formichenews

Non è successo poco agli Stati Generali di M5S. Al contrario, governisti e ribellisti si sono contati e pare che i primi abbiano vinto. Avanti tutta, anzi, no: adelante con juicio. Il commento di Gianfranco Pasquino

Barcamenarsi. Potrei anche scriverlo in inglese: muddling through. Ė una pratica spesso onorata e riverita. In paesi dove la politica non è veloce, barcamenarsi può anche essere una strategia, saggia.  Vero è che non sembra che i Cinque Stelle abbiano la capacità di elaborare una strategia di lungo termine, che, comunque, personalmente, sconsiglierei. Allora, finché la barca va e, in effetti, la barca, sia quello del Movimento sia quella del governo, di cui il Movimento è parte essenziale, va, è il caso apportare solo piccole correzioni di rotta. Rimanendo in metafora, la barca continuerà ad andare paradossalmente spinta dal brutto vento del Covid-19. Soltanto gli irresponsabili cambierebbero il timoniere, che continua ad avere un alto grado di gradimento, e i suoi collaboratori, in piena tempesta Covid (-19, 20, 21) Soltanto i perfezionisti vorrebbero restringere la scelta fra il movimento che fu, ma ancora in parte è, e il partito che difficilmente sarà anche perché in Italia non si fa più politica con partiti veri e propri da almeno tre lustri.

   Però, ci sono delle falle chiudere. La più evidente è quella che ha consentito ai Casaleggio di ottenere non solo una barcata di Euro, ma un notevole controllo sui pentastellati. Il distacco fra il Movimento e Rousseau è cominciato e questo spiega l’irritazione di Davide Casaleggio che sente sfuggirgli, forse definitivamente, il doppio asset: danaro e potere. L’altra falla si trovava nella maledetta clausoletta del limite ai mandati. Chi conosce un po’ di politica e di teoria della rappresentanza sa che fu un errore, ma un errore dettato dal furore anti-casta parlamentare. Quel furore si è un po’ acquietato, ma la correzione dell’errore non sarà affatto facile. I governisti già fibrillano. Alternative occupazionali prestigiose è difficile trovarne. Invece, trovare un seggio per Alessandro Di Battista sarà un gioco da bambini. Non fa problema neanche soddisfare la sua seconda richiesta che il Movimento si presenti e corra da solo. Con una legge elettorale proporzionale, di cui non si sente parlare perché evidentemente è in lockdown con tanto di mascherina, correre da soli è quasi imperativo. Poi, perché mai annunciare alleanze organiche prima del voto quando nelle democrazie parlamentari i governi non escono affatto dalle urne (come Minerva dalla testa di Giove), ma si fanno, contati i voti e i seggi in Parlamento?

Non è successo poco agli Stati Generali. Al contrario, governisti e ribellisti si sono contati. Ancora non sappiamo i risultati, ma per i numeri precisi anche negli USA ci hanno messo una decina di giorni. Ad ogni buon conto, i primi hanno vinto e i secondi si sono resi dolorosamente conto che non hanno abbastanza forza per nessuna spallata. Avanti tutta, anzi, no: adelante con juicio. Attacco a due punte: Di Maio e Di Battista, altrimenti teniamoci Vito Crimi come falso nueve, cioè il centravanti che sbuca quando serve. Se tutto quello che hanno gli altri è l’allenatore Goffredo Bettini che sdogana Silvio Berlusconi per allearsi con il quale certo non avevano votato gli elettori del PD, allora il Movimento 5 Stelle potrà anche sperare, da un lato, che un buon numero di elettori esprimerà la sua insoddisfazione, dall’altro, che il reddito di cittadinanza verrà ricordato dai suoi percettori come, risbuca la metafora marinara, un’efficace ancora di salvezza.

Pubblicato il 16 novembre 2020 su formiche.net

La Democracia Exigente #videoconferencia 17 de noviembre @CatedraMadero

Cátedra Francisco I. Madero: “Les hacemos la extensa invitación para participar este 17 de noviembre a partir de las 10hrs. (UTC-06) en la videoconferencia que dará el Dr. Gianfranco Pasquino de la Alma Mater Studiorum – Università di Bologna con el tema “La Democracia Exigente”
Míralo en :
FB https://bit.ly/3lqe3NG
YT https://youtu.be/ok4s_LbLS9Y

Da Berlusconi a Trump: come far dimenticare il proprio fallimento @DomaniGiornale

L’ex-Presidente degli USA Donald Trump sta facendo di tutto per riuscire a farsi classificare come il peggior presidente di sempre. Al contrario, sembra che Silvio Berlusconi stia tentando un’operazione molto diversa e che, addirittura, sia in corso una sorta di sua riabilitazione politica. Non ripeterò le critiche e le imputazioni più severe, molte passate in prescrizione, ma una, quella per frode fiscale, tradotta in sentenza di condanna debitamente espiata. Anche se qualche volta la separazione è arbitraria, lascerò da parte tutte le molte questioni giudiziarie e mi soffermerò, invece, quasi esclusivamente, sulla azione politica di Berlusconi, nel passato e in tempi recentissimi.

Rilevo, anzitutto, come il conflitto fra gli interessi personali del Berlusconi imprenditore con quelli pubblici del Berlusconi governante sono irrilevanti soltanto fintantoché Berlusconi rimane privo di cariche politiche. Infatti, quel conflitto, per lui più che per chiunque altro, può fare la sua ricomparsa. Quasi a riprova immediata, con l’accordo determinante del PD è stato approvato un emendamento che, in maniera molto criticabile, difende Mediaset dal legittimo assalto di Vivendi.

In secondo luogo, noto che nella sua azione di governo, Berlusconi non ha mai saputo, e neanche voluto, tenere fede alla sua solenne promessa, che suscitò moltissime aspettative, di lanciare una rivoluzione liberale. Non mi aspetto mai che rivoluzioni di questo tipo vengano da imprenditori, ma, certamente, non fu grande neppure l’impegno di quel piccolo gruppo di studiosi da lui reclutato. Quasi tutti sembrarono motivati, piuttosto che dal liberalismo dei diritti e delle regole, dall’anticomunismo e dal liberismo più o meno “neo”. Adesso, uno di loro, Marcello Pera, va a (es)portare addirittura a Matteo Salvini la rivoluzione liberale che non fu.

Infine, dell’europeismo del Berlusconi governante danno dimostrazione inconfutabile, da un lato, le riprese televisive e le fotografie dei vertici con gli altri capi di governo, nei quali era snobbato e isolato, dall’altro, l’influenza esercitata sull’intero elettorato italiano che da nettamente favorevole all’Unione Europeo è diventato largamente euroscettico, se non sovranista ora al seguito di Salvini e Meloni. Che adesso il cambiamento più visibile di Berlusconi sia proprio un atteggiamento costantemente europeista tradotto, per esempio, nella disponibilità alla accettazione dei fondi MES per spese sanitarie dirette e indirette, potrebbe sembrare un modo di prendere le distanze e di ritagliarsi uno spazio politico nel centro-destra a scapito dei due alleati attualmente più votati. Comunque, sia Berlusconi definisce la posizione sua e di Forza Italia come liberale, cristiana (senza esibizione di baci a rosari), moderata e a favore dell’Unione Europea.

Quanto al governo Conte, pur composto da esponenti delle Cinque Stelle, che aveva mandato “a pulire i cessi”, e da immarcescibili ex-comunisti, il suo atteggiamento è costantemente dialogante fino a fare pensare a eventuali modalità, agevolate dal respingimento di Vivendi, di un suo sostegno la cui esplorazione affido ai retroscenisti.

Naturalmente, in una prospettiva di breve periodo concentrata sull’attualità, Berlusconi non può non apparire un leader politico responsabile che si fa portatore di politiche di buonsenso. La sua distanza da Trump, per coloro che lo ritengano un suo precursore, risulta abissale. Tuttavia, è impossibile e sarebbe sbagliato dimenticare che con Berlusconi, anche se non per sua esclusiva responsabilità, sono ricomparsi aggravati sulla scena politica alcuni importanti tratti deteriori: una certa visione di antipolitica, una propensione notevole all’antiparlamentarismo, un linguaggio non sempre signorile, soprattutto la personalizzazione della politica e possenti elemento di populismo a cominciare dalla asserzione-pretesa che chi ha ottenuto i voti non può e non deve essere intralciato e controllato (in particolare, non dalla magistratura e non dalla Presidenza della Repubblica).

Se statisti sono coloro che lasciano il paese che hanno governato in condizioni migliori di quando giunsero al governo, certamente, non è stato questo il caso di Berlusconi. Neanche a coloro che pur considerano positiva la sua recente conversione, dovrebbe essere possibile e comunque non sarebbe corretto dimenticare i suoi lasciti deteriori e pericolosi che hanno trovato accoglienza sia nell’opinione pubblica sia nelle visioni politiche degli alleati, Lega e post-fascisti, che lui portò al governò e legittimò (sdoganò) definitivamente. 

Pubblicato il 15 novembre 2020 su Domani

Proposta per un Senato non più delle Regioni ma delle politiche Ue @HuffPostItalia

Continuo a chiedere ai magnifici e progressisti riformatori costituzionali perché mai dovrebbe essere riformato il bicameralismo italiano se da loro stessi viene definito perfetto. Insisto nel sottolineare che se il problema è, invece, che il nostro bicameralismo è paritario nelle funzioni e nei poteri, renderlo paritario anche nell’età che dovrebbero avere elettori e eletti, non mi pare la strada giusta per approdare alla differenziazione. Ovvio, almeno per coloro che conoscono più di un sistema politico e sanno comparare, che la differenziazione debba riguardare i poteri rispettivi delle due Camere. Banale, però, è suggerire che la seconda Camera debba rappresentare specificamente e forse esclusivamente le Regioni. A prescindere dalla oramai evidente necessità di rivedere le competenze delle Regioni, i loro Presidenti dovrebbero avere imparato e sapere come fare a rappresentare gli interessi delle regioni che governano e a influenzare direttamente i procedimenti legislativi che le/li riguardano.

    Mi pare, piuttosto che sia venuto il tempo di innovare significativamente con riferimento alla nuova stagione. Che sia il caso di passare ad una seconda Camera non per dare rappresentanza alle regioni, ma che si caratterizzi come specializzata in quello che è oramai un ambito decisivo, vale a dire le politiche europee? Certo che sì! Non sottovaluto l’obiezione che è molto complicato decidere sia in generale sia di volta in volta quale debba essere il tasso di contenuto “europeo” che renda un provvedimento, una legge, un avvenimento di competenza del Senato riformato. Le migliori menti giuridiche del paese, sono molte, si ingegneranno alla ricerca della soluzione/attribuzione più precisa al tempo stesso che indicheranno come dirimere gli inevitabili conflitti.

Da ultimo, non so quando ripartirà l’entusiasmante gioco di società (dei partiti e dei loro consulenti) chiamato “la bella legge elettorale”. Una cosa so per certo, anzi, due. Primo che non esiste “la” proporzionale, ma che esistono numerose varianti di leggi elettorali proporzionali, alcune non particolarmente buone, altre sicuramente migliori. Secondo, che di leggi elettorali maggioritarie ne esistono due varianti: quella inglese e quella francese che, entrambe, si applicano in collegi uninominali. Nessun premio di maggioranza innestato sulla distribuzione proporzionale dei seggi autorizza a definire quella legge “maggioritaria”. Chi lo fa manipola l’opinione pubblica anche grazie ai commentatori che, non disponendo delle conoscenze minime sui sistemi elettorali, non riescono a imporre chiarezza e precisione terminologica e sostanziale. Dixi et salvavi animam meam, ma non sono contento.

Pubblicato il 14 novembre 2020 su Huffingtonpost

A partire da “MINIMA POLITICA Sei lezioni di democrazia” parliamo della prossima #LeggeElettorale con @SalvaLElefante @UtetLibri

Siamo un’associazione di promozione sociale composta da ragazzi che vogliono scommettere sul riscatto della nostra generazione. Vogliamo essere una comunità; vogliamo unire le migliori menti ed energie per realizzare proposte sia rivoluzionarie che concrete in grado di ribaltare la situazione attuale, aumentando l’occupazione giovanile. Creare una realtà associativa, dove i giovani, ma non solo, possano trovare un supporto nei problemi legati al mondo del lavoro.

Ospite speciale dell’Associazione Salviamo l’Elefante il Prof. GIANFRANCO PASQUINO, politologo e accademico italiano, allievo di Norberto Bobbio e Giovanni Sartori, è professore emerito di Scienza politica all’Università di Bologna, nonché membro del gruppo di studio e di ricerca “Giustizia penale italiana, europea e internazionale” dell’Iberojur. Dal luglio 2005 è socio dell’Accademia dei Lincei. Ci parlerà del suo libro “MINIMA POLITICA Sei lezioni di democrazia” ed affronteremo con lui il dibattito riguardante la prossima legge elettorale.

La democrazia italiana non è diventata il regno dell’irresponsabilità @DomaniGiornale

L’accountability è una virtù doppiamente democratica. Riguarda governanti e rappresentanti che dovranno rendere conto di quello che hanno fatto, non fatto, fatto male ai cittadini e, in senso più lato, alla pluralità di gruppi esistenti nel regime democratico. Riguarda gli elettori che sanno di avere nelle loro mani lo strumento, il voto, per punire e premiare periodicamente i rappresentanti e i governanti -meglio quando la legge elettorale conferisce agli elettori potere vero. Oltre a elezioni libere e eque (fair), una democrazia ha come caratteristica cruciale del suo funzionamento la possibilità di correggere costantemente i suoi errori. L’alternanza fra coalizioni al governo, pur non frequentissima, è la più visibile e più efficace delle correzioni. Però, più frequentemente sono i governanti che si sentono obbligati a rivedere le loro politiche, a riformare le loro riforme, a cambiare i loro comportamenti sotto le pressioni congiunte oppure no delle opposizioni e dell’opinione pubblica. Questo meccanismo complessivo di accountability è sempre significativamente all’opera quando il tempo è buono, ovvero in condizioni normali. Funziona anche in tempi di crisi, di emergenza, di pandemia? Prima i dati, poi le valutazioni.

Della Cina non-democratica non è il caso di parlare salvo notare che si sono avuti mugugni, rilevati dagli esperti, diretti contro la leadership del Partito comunista, locale e nazionale. Di più era difficile attendersi. Quel che può maggiormente sorprendere è che in nessun regime democratico i capi di governo sono stati sostituiti in quest’anno di pandemia. Qualche raro ministro ha perso il posto, ma non necessariamente per la sua mala gestione della pandemia. Eppure, un po’ dappertutto si sono levate critiche e un po’ dappertutto, più in Italia che altrove, le opposizioni hanno criticato i rispettivi governi e hanno formulato proposte non sempre realistiche e credibili. Potremmo spiegare la persistenza dei governi con un motivo importantissimo. Gli elettori pensano che nelle crisi, quando la barca è sballottata da onde altissime, quando il mare rimane procelloso e la riva non sembra vicina, meglio non cambiare il timoniere. Sarebbe un’operazione rischiosa non destinata con certezza a stabilizzare la navigazione. Ma, allora ai governanti, consapevoli dell’esistenza di questo sentimento nell’opinione pubblica, è concesso tutto, forse troppo?

Il quesito riguarda qualsiasi governo, nel nostro caso il governo Conte e i suoi ministri, ma anche la democrazia stessa, il suo funzionamento, la sua capacità di attivare e fare valere il meccanismo della accountability, della responsabilizzazione. Certo, vedremo all’opera quel meccanismo in occasione delle elezioni politiche prossime venture. Ė anche possibile sostenere che gli elettori hanno avuto la possibilità di attivarlo in maniera indiretta nelle elezioni regionali e amministrative. Oserei aggiungere persino che qualche ministro e, almeno in parte, il Presidente del Consiglio hanno frequentemente riveduto, ritoccato, ridefinito le loro posizioni e le loro politiche. Paradossalmente, invece di dare valore positivo a questi cambiamenti, le opposizioni e i critici li hanno attribuiti ad una mancanza di visione del governo, a non avere e non sapere tenere, ritorno alla metafora marinara, dritta la barra. Sia come sia, la virtù democratica dell’accountability sembra non trovare il modo di essere attivata e manifestarsi in pratica. Il capo del governo Conte procede con i suoi DPCM che, però, con buona pace dei critici, sono espressione della maggioranza, dunque, non un modo per esibire potere personale a scapito dei partiti che lo sostengono. Inoltre, quei DPCM spesso correggono politiche precedenti e, dunque, azzardo, sono influenzati dalla consapevolezza di dovere rendere conto del fatto, non fatto, fatto male. Forse qualcuno vorrebbe di più, non certo, mi auguro, un processo al passato di cui il Presidente del Consiglio non è minimamente responsabile. Mi sento giustificato nel concludere che l’accountability è, seppure in maniera limitata e compressa, all’opera. Il bilancio complessivo e conclusivo arriverà quando si terranno le elezioni politiche. Per il momento, possiamo, per l’appunto sospendere il giudizio e, volendo, manifestare la nostra insoddisfazione. Tuttavia, nessuno è giustificato nell’affermare che l’accountability non abita più nella democrazia italiana. 

Pubblicato il 12 novembre 2020 su Domani

¿Por qué el mundo necesita de la Ciencia Política hoy? Por Gianfranco Pasquino Semana del Politólogo #Bogotà 11 de noviembre

Universidad de San Buenaventura
Semana del PolitólogoCiencia Política – USB Bogotà
Miércoles, 11 de noviembre:
8:00 a 9:30 a.m.

The Donald è sconfitto ma il “trumpismo” resta @fattoquotidiano

Liquidata la Presidenza Trump, ma con molte apprensioni per quelli che saranno i suoi velenosi colpi di coda, è più che opportuno riflettere sul trumpismo. Donald Trump è il produttore del trumpismo oppure a produrre Trump e la sua presidenza è stato un grosso onnicomprensivo grumo di elementi già presenti nella politica e nella società USA? Settantun milioni di elettori, nove milioni più del 2016, segnalano che Trump non era un marziano, un misterioso ittito (che occupa l’Egitto/Casa Bianca senza lasciare nessuna traccia), un fenomeno (sì, nel doppio significato) passeggero. Esistono alcuni elementi del “credo americano”, come identificati dal grande sociologo politico Seymour M. Lipset, che costituiscono lo zoccolo duro del trumpismo: l’individualismo, il populismo e il laissez-faire che interpreto e preciso come insofferenza alle regole -per esempio, a quelle che servono a limitare i contagi da Covid. A questi è più che necessario aggiungere un elemento ricorrente: l’aggressione alla politica che si fa a Washington (swamp/palude nella terminologia di Trump) e un elemento sottovalutato e rimosso (anche viceversa): il razzismo. Con tutti i suoi molti pregi, il movimento Black Lives Matter non può non apparire come una risposta di mobilitazione importante, ma tardiva. Le uccisioni di uomini e donne di colore continuano e misure per porre fine alla “brutalità” della polizia sono, da un lato, inadeguate, dall’altro, contrastate da Trump, ma anche dal trumpismo profondo.

    La critica sferzante, di stampo populista, alla politica di Washington ha radici profondissime che probabilmente non saranno mai estirpate del tutto. La sua versione contemporanea, che non è stata sufficientemente contrastata, trovò espressione nella famosa frase del Presidente repubblicano Ronald Reagan: “Il governo non è la soluzione; il governo è il problema”. Il terreno favorevole all’innesto e alla espansione del trumpismo è stato abbondantemente concimato dal Tea Party Movement e dagli evangelici. Il primo ha, da un lato, formulato una concezione estrema della libertà individuale per ottenere uno Stato minimo che, naturalmente, non deve in nessun modo intervenire nelle dinamiche sociali, per chiarire: né affirmative action né riforma sanitaria. Dall’altro, ha usato della sua disciplina e del suo potere di ricatto sia nelle primarie repubblicane sia nei collegi uninominali per spostare a destra, radicalizzare il Partito repubblicano nel suo complesso. Dal canto loro, le potenti e ricche confessioni religiose evangeliche hanno provveduto a finanziare le campagne elettorali di un molto grande numero di candidati ottenendone in cambio i loro voti al Congresso, non da ultimo per la conferma dei giudici nominati da Trump. Nominati a vita questi giudici sono in grado di garantire per almeno trent’anni che nella Corte ci sarà una maggioranza conservatrice misogina, indifferente alle diseguaglianze dei neri, contraria a politiche sociali. Le molte centinaia di giudici federali nominati da Trump (molti altri probabilmente riuscirà a nominarne nella frenesia dei suoi ultimi giorni alla Casa Bianca) faranno il resto del lavoro, cioè perpetueranno il trumpismo.    Da idee diffuse nel vasto campo trumpista sono discese le politiche di Trump: ambiente, commercio, sanità. Soltanto in parte, però, politiche diverse ad opera del Presidente Biden saranno in grado di incidere sul nucleo forte, sul core del trumpismo. Non è soltanto che nella sua lunga carriera politica Biden non ha proceduto a particolari innovazioni. È che, come gli hanno rimproverato i suoi avversari politici nelle primarie, a cominciare proprio dalla sua Vice-presidente Kamala Harris, la moderazione spesso finiva per mantenere lo status quo o per fare qualche piccolo passo inadeguato, come per quel che riguarda la condizione dei neri e, in parte, delle donne. Non voglio arrivare fino a sostenere che in Biden si annida una componente di trumpismo soft. Sono, però, convinto che non pochi cittadini-elettori democratici pensino che l’individualismo è ottima cosa, che il governo non deve svolgere troppe azioni troppo incisive, che una volta eletti i rappresentanti non si occupano più di gente come loro. Questi sono timori condivisi anche dai commentatori USA progressisti (ad esempio, gli eccellenti collaboratori della Brookings Brief). Da parte mia, non vedo neppure fra gli intellettuali più autorevoli l’inizio di una riflessione su una cultura politica che travolga trumpismo e trumpisti dando una nuova anima agli USA.

Pubblicato il 10 novembre 2020 su il Fatto Quotidiano