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SOSTENIBILITÀ SOCIALE E POLITICA DELLE PREVISIONI ECONOMICHE #Roma 6 giugno
X° RAPPORTO SULL’ECONOMIA ITALIANA
Mercoledì, 6 luglio 2016 – ore 10:00 -18:30
Roma, Via delle Coppelle 35
Istituto Luigi Sturzo – Palazzo Baldassini – Sala Perin del Vaga
Ore 16:30 Tavola rotonda
LA SOSTENIBILITÀ SOCIALE E POLITICA
DELLE PREVISIONI ECONOMICHE
Bruno COSTI, presidente Club dell’Economia
Nicola ANTONETTI, Presidente Istituto Luigi Sturzo
Giuseppe DE RITA, Censis
Fulco LANCHESTER, Università di Roma La Sapienza
Gianfranco PASQUINO, Professore Emerito di Scienza Politica, Università di Bologna
Piero SANSONETTI, Direttore Il Dubbio
No hay nada de malo en la gran coalición #España
JAIME G. MORA entrevista al politólogo Gianfranco Pasquino
San Lorenzo De El Escorial 02/07/2016
El politólogo italiano asegura que un pacto entre PP y PSOE no es un «pecado» ni un «error
Gianfranco Pasquino (Turín, 1942) es uno de los pensadores italianos más influyentes de Europa. Es profesor emérito de la Universidad de Bolonia y profesor adjunto de la Universidad John Hopkins. Ha sido presidente de la Società Italiana di Scienza Politica, senador entre 1983-1992 y 1994-1996, y ha sido galardonado con el laurea honoris causa por la Universidad Católica de Córdoba, la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de La Plata. Pasquino recibió ayer viernes a ABC después de ofrecer una ponencia sobre la antipolítica en el campus FAES, celebrado en los cursos de verano de San Lorenzo de El Escorial.
¿Cuáles son los rasgos de la antipolítica?
La antipolítica tiene enemigos: los que tienen el poder políticos, las élites, los periodistas, los intelectuales, los bancarios, los masones y los judíos, que son los enemigos tradicionales. Según la antipolítica, todos pueden hacer política y quienes la hacen no son admirables. Tiene una visión en la cual la sociedad es mejor que los políticos, lo que no es verdad. Tiene la ilusión de que se puede hacer mejor sin políticos.
¿Es lo mismo la antipolítica que el populismo?
No, porque el populismo pone el acento sobre la figura de un líder y la antipolítica puede hacerse sin líder. El populismo dice que hay un pueblo limpio, que es capaz de apoyar a un líder. Para la antipolítica el líder es un problema, no la solución.
¿Cómo se ha manifestado este fenómeno en Italia?
En Italia no hay populismo porque siempre hubo partidos políticos bastante organizados. Ha habido antipolítica contra la corrupción y el parlamentarismo. En general, ha sido un fenómeno intelectual, de periodistas, escritores y artistas, no un fenómeno político.
¿Qué relación hay entre Podemos y el Movimiento 5 Estrellas?
Poca, porque 5 Estrellas es una forma de hacer política. No es antipolítica. Es un intento de cambiar el sistema político. Reconocen que la política es necesaria, la importancia de las insiticiones, del poder judicial y del Parlamento.
¿Tiene Podemos más similitudes con el populismo latinoamericano?
En España hay partidos organizados. El problema es que los socialistas están menos organizados que años atrás. En América Latina, con pocas excepciones, son partidos débiles. Solamente Chile tiene partidos organizados, y no tiene populismos. Todos los demás países tienen populismos.
¿Es Podemos populista?
Tienen algunos elementos de populismo, pero no es completamente populista. Es difícil serlo del todo. Requiere un tejido social totalmente desorganizado y España no está en esa situación.
¿Por qué estos postulados calan con tanta facilidad?
Es un elemento coyuntural. Es el producto de la crisis económica, de la incertidumbre, del cambio generacional y de la incapacidad de los partidos tradicionales de predicar valores democráticos. Han aceptado el cambio social sin intervenir en ellos.
¿Esta ola antipolítica desaparecerá con el tiempo?
Aparecerán en la escena otros partidos mejor organizados.
Así que serán nuevos partidos los que frenen a Podemos.
Será un PSOE transformado, un PP capaz de crear coaliciones con Ciudadanos, o con los socialistas. No hay nada de malo en la gran coalición. Los alemanes la tienen. En Austria hay una gran coalición. No es un pecado, no es un error. Puede ser una solución temporal.
¿Cree que España va hacia una «italianización» de la política?
La política italiana es normalmente confusa, así que no es una buena solución. Pero los políticos italianos sí saben negociar.
Italia siempre cae de pie.
Eso es verdad, pero podría estar mejor gobernada. Hay mucha confusión; hay estabilidad en la confusión. España nos parecía estable y clara. Lo que ha pasado se debe a la falta de capacidad de los políticos tradicionales de comprender los cambios sociales.
Carlos de la Torre, que ha participado en el Campus FAES, me dijo que el populismo de derechas es más peligroso que el populismo de izquierdas.
Sí, porque el populismo de derechas gana. El populismo de izquierdas raramente gana. En América Latina, Chávez fue de izquierdas, pero en general el populismo es de derechas. El peronismo, en general, es populismo de derechas.
¿Han surgido estos fenómenos de antipolítica cuando más interés hay hacia la política?
Puede ser, aunque no estoy totalmente convencido. Diría que cuando la política parece ser importante nace también la antipolítica. Cuando la política funciona y no crea problemas, no hay antipolítica. Cuando la política no funciona y todos consideran que puede ser importante, puede nacer la antipolítica. Pero insisto en el elemento generacional: es un cambio de generación en España, también en Italia. Y en el Reino Unido, donde los jóvenes han votado a favor de la Unión Europea, a diferencia de los mayores de 55 años. Estamos en un periodo de cambio generacional que abre espacios a la antipolítica. Porque si los jóvenes no están representados, pueden optar por la antipolítica.
Breve manuale per le opposizioni
Sicuramente, marceranno divisi gli oppositori di Merola in Consiglio Comunale, e neanche abbastanza allegramente. E’ davvero improbabile che i due pentastellati, Manes Bernardini, Scelta Civica e Lucia Borgonzoni, che meriterebbe il ruolo di sindaco-ombra, riescano a trovare accordi strategici e neppure tattici. Forse il centro-destra cercherà almeno qualche punto di convergenza, ma Bugani, magari benedetto da Grillo, se ne andrà per un’altra strada. D’altronde, le distanze programmatiche, politiche e di ambizioni personali sono molte, non facilmente ricomponibili. Ciascuno dei protagonisti potrebbe fare riferimento al programma presentato agli elettori e su quello, ovvero sui punti salienti, fare leva per criticare il sindaco Merola e la sua giunta e per controproporre purché quei punti offrano un’alternativa vera alle politiche del sindaco e siano convincentemente comunicabili non esclusivamente ai loro specifici elettorati. I consiglieri dell’opposizione potrebbero anche cercare di portare le loro critiche precise e le loro controproposte mirate fra i cittadini, non solo nelle periferie. Il collegamento fra quanto si fa o no in Consiglio e quanto viene percepito dagli elettori è abitualmente uno dei più difficili da costruire, ma è essenziale sia per sindaco e giunta sia, ancor più, per l’opposizione. Un comportamento, facile, ma poco efficace, tutti gli oppositori dovrebbero evitare: la spettacolarizzazione delle loro attività con l’obiettivo di acquisire visibilità nei confronti degli altri oppositori, una lotta che non porta da nessuna parte, ma che è destinata a confondere e deludere anche l’elettorato, che è molto, che non ha votato Merola.
Altrove, in qualche caso, non del tutto sporadico, ma in altri tempi, l’opposizione, se rappresentato da un unico partito o lista poteva cercare di costruire con pazienza e sapienza un’alternativa praticabile al governo in carica. A Bologna, l’esempio più altisonante è stato rappresentato dai democristiani eletti con Dossetti nel 1956. E’ difficilissimo da imitare anche perché persino il sistema politico locale bolognese sta diventando tripolare, l’assetto peggiore per qualsiasi opposizione si candidi a governare. Addirittura intravvedo un altro tallone d’Achille. Manca ai variegati oppositori bolognesi un uomo/una donna considerabile come colui/colei che nel Consiglio comunale diventa la figura di spicco che costruisce l’alternativa per la prossima consultazione elettorale quando Merola non sarà rieleggibile. Purtroppo per i bolognesi senza un’opposizione incisiva il governo cittadino non sarà stimolato a dare il meglio (che non so quanto sia) di se stesso.
Non tutto è populismo
Una breve riflessione sul populismo per capire non per demonizzare
VIDEO: “La política de la antipolítica” Curso FAES-UCM #Madrid
Curso de Verano FAES 2016
“PRESENTE Y FUTURO DEL DEBATE IDEOLÓGICO”Jornada de Clausura Viernes, 1 de julio 2016
Gianfranco Pasquino ha clausurado el curso de verano de FAES-UCM ‘Presente y futuro del debate ideológico’ con la conferencia “La política en la antipolítica”. En su intervención, el profesor emérito de Ciencia Política de la Universidad de Bolonia ha destacado que “la antipolítica no puede ser derrotada si no tenemos un pensamiento político mejor y más plural, si no hay confrontación de ideas” y ha expresado su creencia de que “La antipolítica es consecuencia de una política mala, con malos actores. Cambiar todo eso requiere ideas que hoy no están”.
I numeri della Repubblica oppure una Repubblica con i numeri?
Se davvero dobbiamo metterci a contare le Repubbliche, operazione sconsigliabile nel caso italiano, ma che soprattutto gli editorialisti del “Corriere della Sera” compiono in maniera scriteriata, allora è utile guardare al caso francese. Nel corso del tempo, hanno disfatto e costruito fino ad ora cinque Repubbliche, con la sesta che, secondo alcune interpretazioni che non condivido, starebbe già strisciando. Una nuova Repubblica, vale a dire un nuovo regime, si afferma quando il vecchio è morto e sepolto e le regole, le procedure, le istituzioni del nuovo regime sono compiutamente definite e affermate. Quando, cioè, in città, vale a dire nel sistema politico, c’è un gioco davvero nuovo. Non quando, gramsciamente, ci si trova in un interregno nel quale proliferano i germi della degenerazione. La Repubblica italiana senza numero ha mostrato in questi settant’anni una straordinaria capacità di adattamento a partiti, a coalizioni, a modalità di alternanza, a sfide anche contro, non soltanto il suo ordinamento, ma i suoi stessi principi. Anche come conseguenza della saggezza, non tutta “compromesso catto-comunista”, dei Costituenti, la Repubblica è stata, se posso ancora continuare ad usare la lingua inglese, notevolmente resilient.
Dire che dal 1994 ad oggi c’è stata una Seconda Repubblica soltanto perché sono cambiate due volte le leggi elettorali e i rapporti centro-periferia, e i partiti hanno fatto harakiri è sbagliato. Sostenere che stiamo entrando nella Terza Repubblica soltanto perché viene trasformato (per di più pasticciatamente e confusamente), ma nient’affatto abolito, il bicameralismo indifferenziato, tutt’altro che perfetto, è ovviamente, ma non meno colpevolmente, una esagerazione e una manipolazione propagandistica. Quello che conta, vale a dire, la forma di governo che, concretamente e precisamente, è una democrazia parlamentare classica, viene appena sfiorata dalle riforme costituzionali, mentre molto si sarebbe potuto fare, non episodicamente, ma “sistemicamente”. Aggiungere che siamo ai primi passi di riforme che ci porteranno lontano (ma il Presidente Napolitano, do you remember?, non aveva detto che la nostra splendida sessantenne, nel 2008, necessitava soltanto di ritocchi alle inevitabili rughe?). non ha nessun fondamento.
Per andare lontano è indispensabile avere un progetto complessivo con il quale ricominciare tutto un iter che riguardi effettivamente il governo, ovvero, meglio, il triangolo elettori-parlamento-governo e, dato che gli stanno amputando il potere di nomina del Presidente del Consiglio e il potere di decidere se e quando sciogliere il Parlamento, qualora il Presidente Mattarella si desse un’auspicabile mossa, ci sarà un quadrangolo (virtuoso/vizioso?). Aspettarsi che il problema del governo venga risolto dal discusso e scalcagnato Italicum è una empia illusione, se non una insopportabile forzatura. In attesa della nuova sentenza della Corte Costituzionale sulla legge elettorale all’italiana è sufficiente ricordare che, da un lato, se le leggi elettorali non sono largamente accettate e accettabili costituiscono il più facile e frequente terreno di interventi particolaristici; dall’altro, che le forme di governo non si cambiano attraverso i meccanismi elettorali. Se ne può migliorare il funzionamento, non cambiarne la natura. Invece di dare improbabili numeri alla Repubblica italiana, meglio sarebbe studiare il funzionamento di altre democrazie, parlamentari e no, per costruire una Repubblica della quale si possa dire con convinzione che ha molti numeri.
Pubblicato il 30 giugno 2016
Buttare l’Italicum e gli opportunismi
Domenica 19 giugno le candidate e i candidati del Movimento 5 Stelle sono arrivati al ballottaggio in 20 comuni e ne hanno vinti 19. Subito dopo sono ricominciate le richieste da più parti di ritoccare la legge elettorale nazionale detta Italicum per impedire l’eventualità che il ballottaggio prossimo venturo per la conquista del governo nazionale avvenga fra il Movimento 5 Stelle e il Partito Democratico. Renzi si è affrettato a rispondere che non sono previste modifiche. Si vedrà. Comunque, il principale problema dell’Italicum è che è una legge elettorale fatta su misura del PD di maggio (2014, quando nelle elezioni europee il partito superò il 40 per cento dei voti) con il consenso di Berlusconi, allora convinto che sarebbe stato il suo centro-destra ad arrivare al ballottaggio, e di Alfano, che chiese ed ottenne una clausola di accesso al Parlamento non più alta del 3 per cento (come in Spagna, circa 15 milioni di elettori meno dell’Italia, e non 4 per cento come in Svezia: meno di 10 milioni di elettori). Tanto Berlusconi quanto Alfano vollero la possibilità di candidature multiple (non più in tutte le circoscrizioni, ma “solo” in dieci) e parlamentari nominati (adesso capilista bloccati in tutte le circoscrizioni) cosicché l’Italicum che, persino secondo Napolitano, dovrà essere sottoposto alle “opportune verifiche di costituzionalità”, assomiglia molto al Porcellum, smantellato dalla Corte Costituzionale. In buona sostanza, l’Italicum è un porcellinum, con le preferenze e con il ballottaggio che deve avvenire, a causa dell’ossessione anti-coalizioni di un capo di governo che vuole essere l’uomo unico al comando, fra i due partiti o le due liste più votate, a meno che un partito o una lista ottenga al primo turno il 40 per cento dei voti più uno. Già alcuni renziani si affrettano a sostenere che la lista può anche essere composta da più partiti, ma questo sarebbe uno stravolgimento dello spirito della loro legge (e delle intenzioni personalistiche di Renzi) nonché una molto dubbia, forse improponibile, interpretazione della lettera.
Queste sembrano e, sostanzialmente, sono quisquilie e pinzillacchere. Né le leggi elettorali né i ritocchi cosmetici alle leggi esistenti debbono essere fatti con riferimento ai desideri e alle preferenze dei partiti e dei loro dirigenti. L’Italicum è una legge di parte che non può essere modificata per convenienze di parte, ma che deve essere cestinata. Punto e a capo.
Nel frattempo, pendono anche alcuni ricorsi alla Corte Costituzionale su diverse clausole della legge. Il criterio con il quale valutare una legge, qualsiasi legge elettorale non è mai il tornaconto dei partiti esistenti, ma il potere degli elettori. L’Italicum migliora il Porcellum grazie sia al ballottaggio sia alla possibilità di esprimere uno o due voti di preferenza, ma, a causa dei capilista bloccati e come conseguenza dell’ingente premio in seggi consegnato ad un partito/lista che ottenga anche soltanto poco meno o poco più del 30 per cento dei voti al primo turno (quindi, quasi raddoppiandone la rappresentanza parlamentare), rimane molto al di sotto quanto a potere degli elettori tanto del sistema maggioritario francese quanto del sistema proporzionale personalizzato tedesco. Nel maggioritario francese a doppio turno (non ballottaggio poiché al secondo turno possono esserci tre, se non quattro candidati) in collegi uninominali, gli elettori hanno il potere di eleggere il candidato preferito oppure, quanto meno, di sconfiggere il candidato più sgradito. E i partiti ottengono importanti indicazioni anche per la formazione delle coalizioni di governo. Nella rappresentanza proporzionale personalizzata tedesca, gli elettori hanno due voti sulla stessa scheda: uno per il candidato nel collegio uninominale, uno per il partito. Con il primo voto eleggono il loro rappresentante, con il secondo voto contribuiscono a determinare il bottino complessivo dei parlamentari del partito preferito purché abbia superato la soglia del 5 per cento (la Germania ha circa 60 milioni di elettori).
Cestinato il sostanzialmente irriformabile Italicum è fra questi due ottimi sistemi elettorali che bisognerebbe scegliere, eventualmente introducendo correttivi che non li snaturino e che siano giustificabili non come contentino ai dirigenti di partito, ma come variazioni che migliorano la rappresentanza politica senza frammentare il sistema dei partiti. Se queste scelte alternative non fossero praticabili nell’attuale Parlamento non resterebbe che un ritorno al Mattarellum, un sistema sostanzialmente conquistato nel 1993 attraverso un referendum popolare, “probabilmente” già sufficientemente noto all’inquilino del Colle il quale potrebbe anche cominciare a fare sentire la sua voce, utilizzato con risultati soddisfacenti in tre elezioni generali: 1994, 1996, 2001. Con l’eliminazione delle liste civetta e una migliore definizione del recupero proporzionale, il Mattarellum consente agli elettori eleggere i rappresentanti che preferiscono e dà loro un doppio voto che conta e pesa. Il resto (della discussione fra opportunisti elettorali) è fuffa oppure truffa.
Pubblicato il 29 giugno 2016
Ascoltare la voce del popolo
Chi crede nella democrazia, vale a dire nel potere del popolo, seppure esercitato, come sta scritto nella Costituzione italiana, “nelle forme e nei limiti” da essa stabiliti, ha il dovere etico e politico di accettare il referendum. E’ esattamente una delle forme attraverso le quali quel potere si esercita: abrogando leggi, respingendo o confermando le riforme costituzionali, eccezionalmente, quando consultivo, esprimendo pareri dai quali governanti e rappresentanti possono trarre utili e importanti suggerimenti operativi. In generale, i referendum sono strumenti decisionali. Non debbono essere usati per accrescere il potere dei governanti ovvero, peggio, di un governante, colui che ha imposto il referendum e vuole un giudizio sulla sua persona. In qualche modo, Cameron ha fatto proprio questo. Ha imposto un non necessario referendum sulla permanenza della Gran Bretagna in Europa, oppure sulla sua uscita, prima per consolidare la sua leadership nel Partito Conservatore, poi per rafforzarsi come capo del governo. Votando a favore della Brexit, l’elettorato, inglese e gallese, ha anche punito questo uso improprio del referendum. Opportunamente, Cameron ne ha tratto la logica conseguenza che non rappresenta più la maggioranza degli elettori e ha dato le sue dimissioni. Non si aprirà nessuna crisi epocale. Non si avrà nessun ritorno al Medioevo oscurantista. Non sarà effettuato nessun salto nel buio. I parlamentari conservatori e gli iscritti sceglieranno un nuovo capo del partito che, com’è la norma nelle democrazie parlamentari, avendo una maggioranza a suo sostegno, diventerà capo del governo. Per gli italiani che sanno capire l’antifona, tutto è chiaro come il cristallo (mi permetto di tradurre dall’inglese che continuerà a essere una lingua molto importante).
La lezione politico-istituzionale non è affatto che non si debbono più fare referendum. Al contrario, i politici dovrebbero finalmente rendersi conto che un po’ dappertutto negli Stati-membri dell’Unione Europea è presente un diffuso malcontento che i rispettivi cittadini esprimono in parte, nelle elezioni per il Parlamento europeo, astenendosi in massa oppure convogliando il loro voto sui partiti/movimenti euroscettici/euroostili, che è molto sbagliato definire tutti indistintamente populisti (sono per lo più nazionalisti), in parte, quando ne hanno l’occasione (com’è stato in Francia e in Irlanda) nei referendum. Togliere la parola al popolo significa amputare una parte significativa, essenziale del repertorio democratico. Affermare, come hanno fatto alcuni altolocati italiani appartenenti sia all’elite politica sia all’elite tecnocratica, che il popolo (in questo caso britannico) ha sbagliato perché ha votato male informato, per risentimento, per paura, soprattutto contro l’immigrazione, per preservare un’obsoleta e superata idea di nazione, addirittura contro le elite, degli intellettuali, delle celebrità, dei banchieri, significa dare ragione a quel popolo. Significa anche che le elite hanno perso contatto, da tempo, con i loro concittadini; che li hanno trascurati, persino snobbati; che non conoscono le loro condizioni di vita e meno che mai i loro sentimenti e le loro emozioni; che non si curano dell’esistenza di gravi e profonde diseguaglianze.
La soluzione non può essere in nessun modo cercata nel sottrarre al referendum il giudizio “popolare” sull’Unione Europea. E’ una soluzione che non risolve nessuno dei problemi dell’Unione, delle elite, degli Stati-membri ed europee, del popolo. Andare, come avrebbe voluto Altiero Spinelli, grande federalista e autore, fra l’altro, di un libro molto critico delle elite di Bruxelles, Gli Eurocrati (1966), è preparare la strada per una “Unione più stretta”. Quella Unione, che è certamente l’obiettivo mobile da conseguire, non potrà essere raggiunta senza il popolo, meno che mai contro il popolo. Per gli eurotecnocrati e i loro amici, per le elite politiche, nelle loro capitali e a Bruxelles, è il momento, non tanto della pur meritata “punizione” da comminare a Cameron, ma della indispensabile e urgente riflessione sull’Europa dei popoli.
Pubblicato il 26 giugno 2015
Un bivio per le Istituzioni. Vademecum su riforme costituzionali e Italicum
Venerdì 24 giugno, alle ore 21, presso l’arena John Lennon di Mezzano (RA)
Un bivio per le Istituzioni.
Costituzione, l’innovazione sarebbe applicarla.
Vademecum su riforme costituzionali e Italicum
L’incontro è promosso dal Gruppo dello Zuccherificio – che aderisce al Coordinamento per la Democrazia Costituzionale -, dalla Sezione ANPI di Mezzano e dal Comitato provinciale per il NO di Ravenna.








