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Gianfranco Pasquino: “Bolsonaro es un verdadero peligro para la democracia” El politólogo italiano reflexiona sobre la democracia actual y el escenario político latinoamericano
Para Pasquino, “el desafío contemporáneo en todas las sociedades es la desigualdad”, por lo que plantea la necesidad de que las fuerzas de izquierda formulen “un programa contra las desigualdades económicas, culturales y sociales”. Entrevista: Antonio Riccobene
El politólogo y profesor de la Universidad de Bolonia Gianfranco Pasquino posa para los fotógrafos y sonríe. Su mirada no se queda en el lente. Todo el tiempo busca la televisión. Mira sin olvidarse que tiene que sonreír. Un rato después, en la confitería de un hotel del centro porteño dice que le llaman la atención los programas de cocina. “Son los más populares en todo el mundo, es increíble”, dice entre risas y se acomoda en la silla para la entrevista. Pasquino pasó por Buenos Aires para participar de las jornadas “Debatiendo la democracia a 110 años del nacimiento de Norberto Bobbio: política, filosofía y derecho”, invitado por el Centro Ítalo Argentino de la UBA y la Embajada de Italia en Argentina.
– ¿Cómo ve al uso de las redes sociales en política?
– No es un desarrollo positivo. Comunicar con pocas palabras inmediatamente después de lo que ocurre no permite reflexionar sobre los eventos, ni producir un análisis concreto. Es una simplificación terrible. No es algo que considero positivo, pero ocurre. Debemos tener en cuenta lo que los políticos dicen, el impacto que eso tiene. Porque los ciudadanos no reaccionan inmediatamente, pero el impacto existe. Es algo que los ciudadanos debemos tener en cuenta para analizarlo. Pero no es la mejor manera de hacer política.
– ¿Nota esa falta de reflexión en los ciudadanos?
– Sí, muchas veces las noticias no son verdaderas, son fake news. Y otras veces las respuestas son malas porque no tienen el tiempo de evaluar lo que dicen.
– ¿Y qué lugar les debe dar a esas herramientas la ciencia política?
– La ciencia política no trabaja con Facebook, Instagram, Twitter. Sí analiza lo que ocurre a través de esas plataformas. Los cientistas políticos examinan los hechos, las consecuencias de los hechos. Twitter es una herramienta. Lo que se analiza es el impacto. No es verdaderamente interesante, hay muchas otras cosas que se deben analizar. Trump no es el presidente que usa Twitter, es muchas otras cosas más, muy peligrosas.
– ¿Qué es lo que más le preocupa de líderes como Trump o Bolsonaro?
– Me preocupa la manera con la que manipulan a la opinión pública. No hay intermediarios entre Trump y la opinión pública. No hay hombres, mujeres ni asociaciones que analicen lo que él dice, y eso genera consecuencias. La manipulación política es el peor desarrollo de estos tiempos.
– ¿Le parece democrático el proceso que atraviesa Brasil a partir de la destitución de Dilma Rousseff y la detención de Lula?
– No fue totalmente democrática, fue una forzadura del régimen, fue una reacción contra lo que el gobierno de izquierda de Brasil estaba produciendo. Hay un problema ahí.
– ¿Cómo ve hoy la democracia en Brasil?
– El presidente es un verdadero peligro para la democracia. Bolsonaro es un hombre blanco, machista, de derecha, que tiene compromisos con sectores religiosos fundamentalistas y con los capitalistas. Entonces no puede representar al pueblo. No sabe cómo gobernar. Fuerza continuamente algunas de las reglas principales.
– ¿Cuales son los nuevos desafíos del progresismo latinoamericano?
– El desafío contemporáneo en todas las sociedades es la desigualdad. Los progresistas deben producir políticas que puedan reducirla. Pero creen que la desigualdad principal es la económica. Y no es así, hay desigualdades muy importantes, que son las sociales, es decir, ser tratado de la misma manera que todos los otros, sin privilegios y sin desventajas. Hay desigualdades de oportunidades que son fundamentales, hay culturales también. Entonces la izquierda debería formular un programa contra las desigualdades, que contienen elementos culturales y sociales, y no solo económicos.
– ¿Debe Estados Unidos conducir la salida de la crisis de Venezuela?
– No, no debe. Sí tiene que decir que Maduro no es la solución de los problemas de Venezuela. Hay millones de venezolanos que dicen que no es Maduro quien va a solucionarlos. Deben decir que pueden ayudar de una manera neutral a un proceso de transición democrática. No deben forzar. No sería bueno que Trump decida el futuro del país. Los propios venezolanos tienen que encontrar la salida.
– ¿Cree que todos los gobiernos necesitan de recursos “populistas”, incluso los que llegan al poder criticándolo?
– En la democracia siempre existe un poco de populismo, porque “democracia” es poder del pueblo. El problema es cómo traducir eso en gobiernos, parlamentos y políticas públicas. Pero no podemos destruir al pueblo porque es necesario, no podemos eliminar totalmente al populismo. Sí puede ganar, pero no sabe cómo gobernar. Ese es el verdadero problema de América Latina. Se necesitan asociaciones, una visión compleja del sistema político. Los que gobiernan deberían representar a la nación. Los populistas nunca lo hacen, porque a los que no los apoyan los definen como enemigos del pueblo, ese es el problema.
02 de octubre de 2019 pagina12.com
Dialogo sulla politica all’ombra della crisi #29settembre #Telese #BN #PiccoloFestivaldellaPolitica 2019 #pfp19 @IL_PFP
Piccolo Festival della Politica
La polvere sotto al tappeto
Palingenesi senza catarsi
Parco delle Terme di Telese
Domenica 29 settembre 2019
ore 17.30
DIALOGO SULLA POLITICA ALL’OMBRA DELLE CRISI
Antonello Caporale
dialoga con
Francesco Amoretti
Gianfranco Pasquino
Algunas cosas que sé sobre las democracias @clarincom
Norberto Bobbio (1909-2004), jurista, politólogo y filósofo italiano. Autor de una vasta obra, recordado por Gianfranco Pasquino en este nota exclusiva
Sentados en algún café parisino con un Gauloise entre los dedos y un Pernod sobre la mesa, refugiados por un fin de semana en una cabaña que da a un lago alemán, en torno a una mesa en donde se critica severamente y ruidosamente algún gobierno latinoamericano, en un congreso de colegas politólogos y sociólogos, en una risueña ciudad balnearia, en la reunión de redacción de algún diario progresista de Roma, en un debate entre autorizadísimos docentes de Harvard y con sus libros mundialmente exitosos, muchos pensativos intelectuales del más diverso tipo denuncian con gesto apesadumbrado que la democracia está en crisis, es una causa perdida, no podrá ser salvada.
Acurrucados en alguna prisión china, prófugos en la selva africana, acosados por los servicios secretos rusos, bajo un sistema de protección porque se ha lanzado una fatwa en su contra, maltratados en una plaza de Estambul, confrontando con la policía de Hong Kong, miles de hombres y mujeres luchan en nombre de la democracia —sí, justamente esa, la occidental, que han visto en la televisión y en las películas norteamericanas, que han observado en persona como inmigrantes en Europa o los Estados Unidos, o como estudiantes en Oxford, Harvard, París o Berlín— organizan manifestaciones, escriben proclamas, reclutan adherentes, algunas veces arriesgan a sabiendas su vida, se prenden fuego.
Por ningún otro régimen, por ningún otro ideal, nunca, tantas personas de nacionalidades, colores, edades y géneros diversos, se han empeñado en hacerlo, conscientemente.
¿Crisis de la democracia entonces? ¿Crisis de los ideales, es decir, de aquella situación en la cual el pueblo (demos) tiene el poder (kratos) de decidir de tanto en tanto quién debe gobernar, por cuánto tiempo y cómo, tomando decisiones y dejando que sea el pueblo, es decir los ciudadanos, los que deciden en elecciones
libres y periódicas, si aceptan, protestan, intentan modificar las cosas sin el uso de la violencia (“las cabezas no se cortan; se cuentan”)?
No, el ideal democrático no está para nada en crisis, incluso si parece ser despreciado por los populistas que desean que un solo hombre (nunca entendí por qué no podría ser una mujer) los represente, los lidere, los guíe hacia el futuro.
Sin embargo, cuando estos populistas toman el poder, su “guía” y su “liderazgo” se revela rápidamente como autoritario e interesado no en el bienestar del pueblo, sino en los privilegios de los grupos que sostienen a los líderes populistas, mientras los que buscan combatirlos
son definidos de inmediato como “enemigos del pueblo”.
De todos modos, una franja populista va a existir siempre en todas las democracias. Hace poco esto se ha manifestado también en los Estados Unidos de Trump y en la Gran Bretaña de Boris Johnson. El pueblo que los ha votado y los sostiene es el de los hombres blancos de escaso nivel de formación, que se sienten amenazados, no tanto económicamente, sino más bien culturalmente: en su identidad (Americans first; English, not Europeans).
Si, entonces, el ideal de la democracia está vivo y sigue siendo atractivo, ¿por qué se escribe por todos lados que hay una crisis de la democracia?
Se hace esto, en mi opinión, cometiendo un grave error. En las democracias contemporáneas realmente existentes, que hoy son más numerosas que nunca, más o menos 90, dependiendo de las estimaciones, en estas democracias hay problemas de funcionamiento, surgen desafíos, incluso para las instituciones, aparecen dificultades en la relación entre el pueblo, los votantes más o menos organizados, y sus representantes y gobernantes.
A veces los problemas, los desafíos y las dificultades dependen de la baja calidad de las élites políticas que, aunque están atravesadas por la globalización, no logran comprender que el mundo ha cambiado. Con mayor frecuencia, los numerosos sistemas políticos europeos, sobre todo en Italia, pero también en Grecia, España y Austria, es la crisis de
los partidos tradicionales y clásicos lo que hace que sea dificilísima una solución efectiva y duradera. Bobbio habría destacado el declive de la cultura política de los partidos, de derecha pero sobre todo de izquierda.
Sartori habría hecho notar que allí donde la competencia entre los partidos no se desarrolla de manera vigorosa y rigurosa, los ciudadanos votantes quedan insatisfechos.
Su insatisfacción se refleja en la valoración negativa de la democracia en la que viven, en la búsqueda de nuevos partidos, muchos de los cuales han nacido en los últimos veinte o treinta años, en la mucho más alta volatilidad electoral. Gobiernos que no pueden programar su actividad y sus reformas porque saben/temen que no durarán
demasiado, no logran mejorar la vida de los ciudadanos. La distancia entre la democracia real y la ideal se hace más grande.
Los ciudadanos insatisfechos protestan, pero la solución, que no puede ser nunca definitiva, no aparece. Mientras los intelectuales se complacen en sus muy agudas críticas, los ciudadanos democráticos continuarán buscando soluciones dentro de la democracia, reformándola. Afuera sólo hay caos.
26/09/2019 Copyright Gianfranco Pasquino y Clarín, 2019.
Gianfranco Pasquino es profesor emérito de Ciencia Política en la Universidad de Bologna. Su libro más reciente es Bobbio e Sartori. Capire e cambiare la politica (2019).
Bobbio, la demócracia exigente #ConferenciaInaugural “Debatiendo la democracia a 110 años del nacimiento de Norberto Bobbio: política, filosofía y derecho” Centro Ítalo Argentino de Altos Estudios (UBA)@UBAonline @CpoliticaUBA @ubasociales @ubaglobal #UBAInternacional #CIAAE
El Centro Italo Argentino de Altos Estudios (CIAAE) invita a las Jornadas “𝐃𝐞𝐛𝐚𝐭𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐜𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐚 𝟏𝟏𝟎 𝐚ñ𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐧𝐚𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐍𝐨𝐫𝐛𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐁𝐨𝐛𝐛𝐢𝐨: 𝐩𝐨𝐥í𝐭𝐢𝐜𝐚, 𝐟𝐢𝐥𝐨𝐬𝐨𝐟í𝐚 𝐲 𝐝𝐞𝐫𝐞𝐜𝐡𝐨” que que se desarrollarán los días 𝟐𝟔 𝐲 𝟐𝟕 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐩𝐭𝐢𝐞𝐦𝐛𝐫𝐞 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Salón Azul e Instituto Gioja).
Dos días dedicados a dialogar sobre las principales características y desafíos de nuestras sociedades democráticas, a través de conferencias magistrales y paneles a cargo de destacados intelectuales y profesores argentinos e italianos, quienes recuperarán la obra de Norberto Bobbio para pensar el futuro de la democracia.
Jueves 26 de septiembre a las 9 a.m.
Salón Azul, Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires
Conferencia inaugural
Gianfranco Pasquino
Bobbio, la demócracia exigente
La ciencia política que queremos #BuenosAires #25septiembre @UBAonline @CpoliticaUBA @ubasociales @ubaglobal #UBAInternacional #CIAAE
En el marco de su visita a Argentina para participar de las Jornadas Democracia – Norberto Bobbio, Centro Ítalo Argentino de Altos Estudios (UBA), el profesor Gianfranco Pasquino estará presentando su último libro “Bobbio e Sartori. capire e cambiare la politica” en el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA el próximo miércoles 25 de septiembre a las 18.00 horas.
miércoles 25/9/2019 – 18 horas
AUDITORIO Sede Santiago del Estero, 1029, CABA
Entrada libre y gratuita
¡Lxs esperamos!
Che bello il ritorno alle leggi elettorali…
Non sta scritto da nessuna parte che, riducendo il numero dei parlamentari, diventi indispensabile elaborare una legge elettorale proporzionale. Il verbo giusto non è “tornare” come troppi affermano. Infatti, la vigente Legge Rosato è due terzi proporzionale e un terzo maggioritaria, ma la sua logica è sostanzialmente proporzionale. La distribuzione dei seggi varia di poco rispetto ai voti ottenuti dai partiti, tranne che per la Lega, avvantaggiata (ma ingrata) dall’essere stata in coalizione con Forza Italia e Fratelli d’Italia. Chi dice che passando a 400 deputati e 200 senatori (gli esponenti del M5S vantano un risparmio di 500 mila Euro che, però, comincerà nel 2023) l’adozione di un sistema maggioritario renderebbe difficile la rappresentanza dei partiti piccoli sbaglia. Nei collegi uninominali, che avrebbero dimensioni ancora accettabili, non enormi: 125 mila elettori circa per ciascun deputato e 250 mila circa per ciascun senatore, i partiti piccoli avrebbero sempre la possibilità di vincere presentando candidature eccellenti oppure alleandosi in maniera appropriata. Tuttavia, quello che conta per chi desidera finalmente una buona legge elettorale è il potere degli elettori. Con l’attuale Legge Rosato e con la precedente legge Calderoli (nota come Porcellum) gli elettori italiani hanno solo potuto dare un voto al partito prescelto e nulla più. Né nel maggioritario inglese né, ad eccezione di pochi paracadutati, nel maggioritario francese sono possibili candidature bloccate, plurime (con dirigenti di partito presenti anche in cinque collegi), paracadutate in luoghi nei quali non hanno radicamento e non hanno nessuna intenzione di tornare, alla faccia della rappresentanza politica e del territorio. Ecco perché è assolutamente improbabile che questi due sistemi elettorali vengano scelti prossimamente.
Maggioritario, è opportuno sottolinearlo ad usum di Prodi e Veltroni, ma anche di Renzi, non è un sistema elettorale proporzionale corretto da un premio, più o meno grande, in seggi che, comunque, dovrebbe rispettare alcune indicazioni già espresse dalla Corte Costituzionali e consentire agli elettori di esprimere almeno una preferenza. La verità è che ancora una volta i dirigenti di partito impostano il discorso sulla riforma elettorale mantenendo come priorità i loro interessi specifici di corto periodo. Così è facile prevedere che non ne uscirà nulla di buono e neppure di duraturo. Nel futuro prossimo altri dirigenti valuteranno altre loro preferenze e vorranno nuovamente riformare la legge. Nel frattempo, Salvini, improvvisamente diventato maggioritario, ha lanciato una proposta, non originale, a lungo cavallo di battaglia dei neo-fascisti e dei loro successori: l’elezione popolare diretta del Presidente della Repubblica nel 2029. Lui si accontenterebbe di questo, sicuro di eleggere finalmente un Presidente di destra. Chi si intende di Costituzione e di istituzioni, tematiche ostiche per il leader della Lega, vede in questa proposta unicamente avventurismo.
Pubblicato AGL il 24 settembre 2019
Domandona preliminare da porre a chi vi parla di #LeggeElettorale “Quale è l’ultimo libro/articolo che hai letto sui sistemi elettorali?” #ignoranti #manipolatori
Torna il sexissimo dibattito sulle leggi elettorali. Usando sempre rigorosamente il plurale, sistemi proporzionali e sistemi maggioritari, è subito il caso di affermare ad altissima voce che il criterio dominante di qualsiasi scelta deve essere quello del potere degli elettori. Ridotti i deputati a 400 e i senatori a 200, sia il maggioritario inglese sia quello francese a doppio turno sono praticabili. I collegi uninominali dei deputati avrebbero 125 mila elettori; quelli dei senatori 250 mila, tutti raggiungibili facendo campagna sul territorio. I proporzionalisti hanno l’obbligo di trovare un’altra, non l’ampiezza dei collegi, giustificazione per la loro proposta.
#Intervista Gianfranco Pasquino: “quello tra M5S e PD può essere governo di legislatura” @CattaneoZanetto @PaoloZanetto
Pubblicato in OSSERVATORIO Trend · Politica · Economia N.8 | Sett. 2019
La soluzione della crisi ha preso la via parlamentare, trovando una nuova maggioranza imperniata su PD e M5S. In base alla natura dei suoi componenti, sono reali le prospettive di un governo di legislatura?
Sono reali, le due forze politiche si sono messe d’accordo per fare un governo che duri. In primis perché in caso contrario sarebbe un fallimento che pagherebbero davanti agli elettori, e quindi perché deve fare delle riforme che producano effetti positivi: perché ciò sia possibile è necessario un Governo che abbia prospettive di lunga durata. L’obiettivo è sicuramente un Governo di Legislatura, poi ovviamente possono accadere degli inconvenienti, qualcosa che al momento non si può prevedere, ma dire che questo è un Governo a termine sarebbe profondamente sbagliato.
Quali sono le reali differenze che il M5S potrà imprimere alla sua nuova esperienza di governo e che tipo di alleato sarà il PD rispetto alla Lega?
Mi pare che tanto la leadership del Movimento 5 Stelle quanto quella del PD non si esprimano con la stessa assertività che caratterizzava la Lega. Questa mi sembra essere la differenza positiva, che vi siano uomini e donne in grado di dialogare senza prevaricare. La seconda differenza è che, secondo me, insieme interpretano meglio il Paese. Intendiamoci, Salvini rappresentava una parte di Italia esistente, che vuole bloccare l’immigrazione, che vuole la legge sulla legittima difesa. Questa non è però maggioritaria e forse non corrisponde neanche a quel 33 per cento che i sondaggi attribuivano alla Lega. Movimento 5 Stelle e Partito Democratico, invece, interpretano una parte più ampia del Paese.
L’alleanza tra Lega e M5S aveva visto una continua competizione per l’assegnazione di risorse alle misure economiche e fiscali di riferimento, nell’ottica di una continua ricerca di consenso. Nella prossima manovra di bilancio è verosimile vedere ancora simili rivendicazioni o prevarrà la necessità di stabilità fiscale e certezza sul contenimento dell’IVA?
Non sono così preoccupato dall’aumento dell’Iva onestamente, ma credo che M5S e Pd sappiano che l’obiettivo primario deve essere il rilancio dell’economia, e quindi non possono permettersi di buttare soldi in maniera redistributiva. Questo l’hanno imparato anche i Cinque Stelle. Poi credo che molto dipenderà anche da chi sarà nominato Ministro dell’Economia e come Commissario europeo, che sarà poi quello che dovrà spiegare all’Europa cosa faremo con la nostra manovra economica. Vi deve quindi essere una figura competente, credibile, con passate esperienze di Governo e che sia soprattutto nota a livello internazionale.
Una maggioranza di questo colore sembra peraltro molto più in sintonia con i nuovi vertici dell’Ue: questo si tradurrà in margini più morbidi sui conti pubblici?
Su questo bisogna trattare con Bruxelles, occorre chiedere sapendo cosa dare in cambio. Qui, la “moneta” italiana, che si vorrebbe vedere all’estero, è la credibilità. L’idea è che si possa anche dare qualche margine di flessibilità in più, ma l’Italia deve essere credibile in quello che promette, mantenere gli impegni che si prende. Molto dipende dalle persone.
Riguardo le riforme proposte, la base programmatica della nuova alleanza prevede la conclusione della riforma costituzionale atta a ridurre il numero dei parlamentari, a cui sarà probabilmente legata un’ulteriore revisione della legge elettorale: è questa la maggioranza giusta per proporre un ritorno al proporzionale e ridurre le storture create con il Rosatellum?
Il Movimento 5 Stelle è sempre stato a favore di una legge proporzionale. Anche nel Pd c’è, certamente, una componente che sostiene questa linea. Passare a un sistema maggioritario vero mi pare un’operazione assolutamente improponibile. Si può fare una buona legge elettorale proporzionale, magari con una piccola soglia di sbarramento, con i collegi disegnati in modo competitivo, evitando candidature plurime e paracadutati. Si può portare a termine anche la riduzione dei Parlamentari. Renzi, sostanzialmente, nella sua riforma aboliva i Senatori, e dunque si potrebbe andare benissimo anche in quella direzione. Chiaro che poi occorre saper creare pesi e contrappesi, cercare di far sì che il Parlamento funzioni in modo adeguato per controllare il Governo. Si tratta evidentemente di un’operazione complessa, ma fattibile.
Psi – Italia Viva: quale segnale viene dalla costituzione del gruppo in Senato?
All’insegna di ammirevole coerenza politico-culturale è nato al Senato un nuovo gruppo: Socialisti Italiani-ItaliaViva. Rino Formica e Claudio Martelli hanno scritto che il socialista Nencini si è “vergognosamente imboscato in una scissione in casa d’altri” mutando “drasticamente la collocazione del Psi”. Quanto a Renzi, la sua “dirittura” politica, uscito da un PD riformista che sta nei socialisti europei, lo porterà alla ricerca degli elettori centristi, ma solo grazie ad un socialista subalterno e sradicato.












