“Los argentinos y los italianos tienen el sistema político que se merecen” #Entrevista @clarincom

El politólogo italiano opina que países como el nuestro e Italia tienen el sistema político que se merecen. Le preocupan Trump, Bolsonaro, Maduro, Putin y Salvini.

 

Gianfranco Pasquino: “No puede ser que un país democrático, no sepa cómo resolver algunos problemas de una manera estructural, tomando decisiones y disfrutando de momentos favorables, y que no pueda construir algo que se proyecte en el futuro”. Foto: Juano Tesone. Entrevista: Hector Pavon

La democracia, los partidos políticos, la filosofía política, los sistemas de muchos países, están en ebullición, en crisis. Todo puede ser preocupante y al mismo tiempo excitante para un politólogo de jornada completa como lo es el italiano Gianfranco Pasquino. El ex senador y referente global de la ciencia política estuvo la semana pasada en Buenos Aires abriendo, con una conferencia, las jornadas “Debatiendo la democracia: política, filosofía y derecho”, a 110 años del nacimiento del filósofo Norberto Bobbio, realizadas en la Facultad de Derecho de la UBA dentro del ciclo “Grandes pensadores italianos” organizadas por el Centro Ítalo Argentino de Altos Estudios.

“Bobbio fue uno de los tres o cuatro filósofos políticos italianos de la segunda mitad del siglo veinte más importantes. Al mismo tiempo, Giovanni Sartori ha sido uno de los más grandes cientistas políticos del mundo. Es difícil decir cuál es la herencia. Porque hay una fragmentación general del pensamiento político del mundo tal que resulta difícil encontrar autores capaces de iluminar lo que ocurre. Sartori y Bobbio tienen las herramientas necesarias para comprender el mundo. Pero no veo que haya quienes sepan hoy cómo hacerlo”, interpreta un Pasquino cansado por la agenda intensa en Buenos Aires y un tanto escéptico por el presente político en Occidente. “¿Vamos al punto?”, le pregunto. Responde resignado: “Y… si hay un punto”

–En relación al estado de la democracia usted citó en una nota en Clarín la cifra de 90 países que viven en una democracia “realmente existente”. ¿Qué características tienen esos países para integrar ese grupo?

–La estadística viene de una organización que se llama Freedom House. Hay dos elementos cruciales para definir una democracia. Un conjunto importante de derechos que son indispensables. Y también hay elementos que pertenecen al funcionamiento de las democracias reales, es decir, las instituciones, la separación de los poderes, la responsabilidad de los que gobiernan y representan, los frenos y contrapesos dentro de un sistema político: nadie puede decidirlo todo. Y hay una necesidad de que exista un sistema judicial autónomo

independiente del poder político, y un sistema de medios que también sea independiente, capaz de controlar lo que los gobiernos hacen. Y aún así las democracias reales tienen problemas porque hay una erosión de derechos, de la autonomía del sistema judicial, y una erosión de la libertad de los medios.

–¿Qué países de América Latina integran esta lista?

–La Argentina integra la lista, BrasilColombiaUruguayChileMéxico con un aceptable nivel de funcionamiento. Sabemos que hay problemas en Perú, verdaderos problemas en Venezuela.

–Usted dijo en la UBA que “los argentinos y los italianos tienen el sistema político que se merecen”. ¿Qué implica esta frase?

–Que hay una competencia libre entre partidos y entre líderes. Existe la posibilidad para los electores de elegir a los que quieren. Entonces si los gobiernos funcionan mal, el problema es de los que lo han elegido. Los ciudadanos de la Argentina y de Italia no participan muy activamente. En algunos casos, no se interesan en la política. “La política no me interesa porque es una cosa sucia, la política es de los que tienen dinero”, se dice. Es verdad, la política algunas veces es sucia, es verdad que el dinero cuenta, pero si los ciudadanos no participan no pueden cambiar el sistema. Por ejemplo, hay un 25% de italianos que no votan. Y yo creo que se da el mismo porcentaje en la Argentina. Entonces se merecen lo que tienen.

–¿Usted cree que el gobierno italiano actual tiene un plan?

–El gobierno italiano (de Sergio Mattarella) tiene, creo, dos planes. El primero es sobrevivir. Sobrevivir y continuar gobernando hasta 2023. Hay un adversario, un enemigo muy fuerte, que se llama Matteo Salvini que puede ganar las elecciones si el gobierno no sobrevive. Este es un gobierno de supervivencia contra un adversario que en realidad tiene bastante poder, pero no tiene un plan. Solo tiene un plan de seguridad, con algunos componentes autoritarios. El segundo plan del gobierno italiano es hacer algunas reformas –los dos partidos comparten algunas posiciones–. Reformas que puedan producir un crecimiento económico, que es lo que falta en Italia porque hace diez años que no crece. Hay un único elemento que crece: la deuda pública. No podemos continuar así. No es verdad; podemos continuar así, pero con consecuencias negativas. Es decir, poco crecimiento o ninguno porque no hay dinero para invertir. Europa

tiene los recursos para ayudar a Italia porque tiene un plan, es decir, de integrar no solamente los mercados sino de utilizar mejor los recursos para invertir en algunos países, y producir un proceso decisional que sea más respetuoso de las preferencias de los diferentes países, y no solo de Alemania Francia que son los más poderosos.

–Y a usted como analista político, ¿no le parece interesante el presente de la política italiana?

–Para los analistas políticos, la política italiana siempre es interesante. Me mantiene ocupado. Porque hay algo que puedo explicar, como cientista político, como analista, participo de conferencias, escribo artículos. Pasquino el analista político está muy satisfecho. Pasquino el ciudadano no está satisfecho, está muy deprimido, porque yo sé que el

país podría mejorar, pero no lo hace. Entonces, eso me deprime, porque es un gasto del propio futuro, de la situación actual de los que no tienen bastantes recursos, y que podrían tenerlos si existiera una política que funcione mejor.

–Tanto en América como en Europa se habla de la amenaza populista. Para algunos populismo es una mala palabra. ¿Y para usted?

–No, populismo no es necesariamente una mala palabra. Lo que yo sugeriría es no utilizar populismo para definir todo lo que no nos gusta, es decir, si no nos gusta la Juventus, no es porque la Juventus sea populista. Si no nos gustan los que dicen que debemos cambiar el parlamento italiano, eso no significa automáticamente que sean populistas. Pueden tener ideas para cambiar el sistema del parlamento. Debemos definir claramente lo que es populista y lo que no es populista. Y debemos tener en cuenta que un poco de populismo existe en todas las democracias. Si democracia es poder del pueblo, hay un elemento de populismo. El problema es cómo traducir el populismo en prácticas democráticas. Se dice que hay un líder que puede interpretar las preferencias, los intereses, los deseos del pueblo. No es así. En ningún sistema político puede existir un líder capaz de interpretar todo. No es así, porque hay grupos, asociaciones, que participan, hay compromisos, hay decisiones que representan a la mayoría de la población. Cuando hay un líder que dice “yo interpreto las necesidades, las preferencias del pueblo”, el líder va a muy

rápidamente va a decir que los que no aceptan su interpretación son los enemigos del pueblo. Esa es necesariamente, definitivamente, una situación populista.

–¿Qué análisis le despierta la política argentina en este entretiempo eleccionario, donde aparentemente habrá un cambio de rumbo pero donde persisten problemas muy viejos?

–Sí, hay problemas viejos. Eso me preocupa. No puede ser que un país democrático, no sepa cómo resolver algunos problemas de una manera estructural, tomando decisiones y disfrutando de momentos favorables, y que no pueda construir algo que se proyecte en el futuro. Las expectativas que despertó Mauricio Macri fueron muy altas. Pero Macri no las ha cumplido. ¿Por qué? Porque sus colaboradores no son lo suficientemente capaces:no tenía un plan y eso puede explicar por qué digo que los argentinos merecen el sistema político que tienen. Es evidente que la presidencia de Macri no ha sido un éxito. El elemento que los italianos y que yo tampoco comprendo pero intento explicar –incluso si no lo comprendo–, es el peronismo. Mi frase sería “peronismo para siempre”. En todos los momentos el peronismo existe y cuando hay elecciones libres, si los peronistas no han gobernado pueden ganar, porque representan evidentemente una mayoría que cuando se une gana. Pero para unirse debe buscar una posición compartida y una vez que ha ganado las tensiones, las diferencias dentro del peronismo producen algunas dificultades en el gobernar.

–¿Pero el peronismo no es ya otra cosa, un partido que muta constantemente? Hubo menemismo, kirchnerismo, ya no hay símbolos, cambian los nombres para rearmarse…

–Es muy difícil analizar todas los cambios. Aun con transformaciones, el núcleo interno del peronismo continua siendo el elemento importante, que permite a todos los diferentes grupos unirse cuando es necesario ganar. Luego, gobernar es siempre difícil, pero cuando los grupos han ganado intentan transformar la preferencia del grupo en una política pública. Y eso produce tensiones y conflictos. Y después, mucho depende de las personas, de los líderes. Hay tendencias autoritarias en el peronismo. Menem evidentemente lo fue, pero ganó la reelección, entonces es un fenómeno complejo, ¿Cómo se llama hoy la coalición?

–Todos. Y la “o” es un sol que es todos, todas.

–Pero los votantes comprenden que “todos”, son los peronistas.

–Sí, sí. Sin duda. ¿Y los partidos políticos siguen siendo la columna vertebral de la democracia?

–Lo fueron.Las democracias han aparecido junto con los partidos. En el pasado cualquier transición de un régimen autoritario a la democracia, necesitaba partidos, y si existían los partidos, la transición tenía éxito. Entonces, democracia y partidos fueron el elemento central de la política de todos los países que son democráticos hoy. ¿Si los partidos se debilitan, se debilita también la democracia? Sí. Entonces, los problemas que vemos en las democracias son los que los partidos no saben resolver, porque los partidos hoy son débiles prácticamente en todo el mundo. Pero no son débiles en todos los países. ¿Cuál es el problema de la democracia estadounidense? Que el partido republicano no es más un partido, es un vehículo que Trump conquistó. ¿Cuál es el problema de Italia? Que no existen más los partidos. Simplemente. Es decir, hay un partido que se llama Partido Demócrata, que es un partido débil. Todos los otros han rechazado el nombre de partido. La lega, Movimiento 5 estrellasForza ItaliaFratelli d’Italia. Pero partido, no. ¿Cuál es el problema de España? Que los dos grandes partidos se derrumbaron y hoy hay otro que es un sucesor, Podemos. También hay un movimiento de derecha, Vox. ¿Cuál es la situación

favorable de Portugal? Que los partidos existen, y que crean coaliciones, producen gobiernos. Portugal hoy funciona bastante bien, Alemania también, aún si hay nuevos partidos, y hay un partido de derecha que desafía todo el sistema político. ¿Cuál es probablemente la situación más estable de América Latina? La de Chile donde la derecha sabe cómo organizarse, la centro izquierda es una coalición. En muchos lugares hay problemas de ofrecer a los votantes un plan, de ofrecer a los electores, líderes que sepan qué hacer.

–¿El politólogo hace circular su palabra, tiene resonancia en la sociedad, es valorado, tanto en Italia, en la Argentina y en los escenarios que usted más conoce?

–En algunos países, los politólogos son bastante visibles, no sé si valorados, pero participan en el debate público. Y si son buenos politólogos, producen ideas, propuestas, pero la traducción concreta siempre está en manos de los políticos, de los que tienen poder. En AlemaniaInglaterra, algunos politólogos son bastante importantes. En EE.UU. hay algunos poquísimos, porque han perdido a todos los que yo llamo intelectuales públicos. Diría que Bobbio y Sartori han ejercido una influencia importante sobre los análisis políticos, en escribir la agenda de los problemas políticos, en sugerir soluciones. Hoy hay un debate público bastante intenso en Italia, yo participo allí, algunas ideas penetran, pero la situación política nunca es estable, el debate continúa, las decisiones son

raramente tomadas. Hay problemas.

–¿Y hoy existe el papel del politólogo, cerca del político, del gobernante?

–¿Qué tan cerca?

–¿Cómo intelectual orgánico?

–Orgánico no. Creo que no existen más y sería un problema serlo. El intelectual público debería hablar al público y los políticos son parte del público. La relación con el eventual público y con el político no debe ser como consejero. Debe ser como crítico. Entonces, si usted político quiere cambiar la ley electoral, la que podemos utilizar aquí, en los próximos treinta años y se logra y si después, usted dice algo

diferente, yo lo critico y explico por qué lo critico. Hoy hay un intenso debate público en EE.UU:, entre los politólogos, sobre la victoria de Trump, y ahora sobre el impeachment. Es interesante. Pero los politólogos que pueden ejercer un poco de poder lo ejercen escribiendo en los grandes medios como el The New York Times o van a la televisión. Así se expresan.

El mapamundi imperfecto de los gobiernos

Brasil Tiene dos elementos muy negativos. El presidente que es un hombre blanco con mucho bagaje reaccionario. Otro problema es el papel, la influencia de la religión. Los evangélicos tienen demasiado poder.

Venezuela Es un desastre. Venezuela es una situación autoritaria, no consolidada, si no hay cambios, va a continuar produciendo consecuencias muy negativas para la población. Hay tres millones de venezolanos en el extranjero. No se puede aceptar una situación ese tipo.

Estados Unidos Es una democracia que tiene problemas no solo de funcionamiento, sino también estructurales. El federalismo hoy es un problema estructural. Y el poder del presidente, por ejemplo, para nombrar a los jueces de la Corte Suprema, me parece un problema estructural.

Gran Bretaña Yo diría lo mismo de Gran Bretaña que de Italia. Es muy interesante desde el punto de vista del analista político, debe ser tremendamente deprimente desde el punto de vista del ciudadano, pero debemos interrogarnos sobre Gran Bretaña porque tiene una constitución que no está escrita, es muy flexible y pueden resolver problemas. Gran Bretaña nos hace muy evidente que aún en un gran país, en una gran democracia debe colaborar con otras democracias. Es decir, los problemas hoy de Gran Bretaña son los problemas que dependen del Brexit. Los ingleses están enseñando al mundo y a los europeos, que la Unión Europea es una solución y no un problema. Y si usted deja la Unión Europea crea un problema.

Rusia Es una situación autoritaria con un líder evidentemente autoritario. No hay democracia, las elecciones no son libres, porque los opositores no pueden participar, hay control sobre los medios, nunca los jueces ejercen bastante poder, porque son nombrados por el líder. Pero es un país bastante rico y entonces cuenta sobre la política europea y la política mundial. Las armas nucleares existen.

04/10/2019 Clarín.com

 

 

 

Gianfranco Pasquino: “Bolsonaro es un verdadero peligro para la democracia” El politólogo italiano reflexiona sobre la democracia actual y el escenario político latinoamericano

Para Pasquino, “el desafío contemporáneo en todas las sociedades es la desigualdad”, por lo que plantea la necesidad de que las fuerzas de izquierda formulen “un programa contra las desigualdades económicas, culturales y sociales”. Entrevista: Antonio Riccobene

Imagen: Jorge Larrosa

 

El politólogo y profesor de la Universidad de Bolonia Gianfranco Pasquino posa para los fotógrafos y sonríe. Su mirada no se queda en el lente. Todo el tiempo busca la televisión. Mira sin olvidarse que tiene que sonreír. Un rato después, en la confitería de un hotel del centro porteño dice que le llaman la atención los programas de cocina. “Son los más populares en todo el mundo, es increíble”, dice entre risas y se acomoda en la silla para la entrevista. Pasquino pasó por Buenos Aires para participar de las jornadas “Debatiendo la democracia a 110 años del nacimiento de Norberto Bobbio: política, filosofía y derecho”, invitado por el Centro Ítalo Argentino de la UBA y la Embajada de Italia en Argentina.

– ¿Cómo ve al uso de las redes sociales en política?

No es un desarrollo positivo. Comunicar con pocas palabras inmediatamente después de lo que ocurre no permite reflexionar sobre los eventos, ni producir un análisis concreto. Es una simplificación terrible. No es algo que considero positivo, pero ocurre. Debemos tener en cuenta lo que los políticos dicen, el impacto que eso tiene. Porque los ciudadanos no reaccionan inmediatamente, pero el impacto existe. Es algo que los ciudadanos debemos tener en cuenta para analizarlo. Pero no es la mejor manera de hacer política.

– ¿Nota esa falta de reflexión en los ciudadanos?

Sí, muchas veces las noticias no son verdaderas, son fake news. Y otras veces las respuestas son malas porque no tienen el tiempo de evaluar lo que dicen.

– ¿Y qué lugar les debe dar a esas herramientas la ciencia política?

La ciencia política no trabaja con Facebook, Instagram, Twitter. Sí analiza lo que ocurre a través de esas plataformas. Los cientistas políticos examinan los hechos, las consecuencias de los hechos. Twitter es una herramienta. Lo que se analiza es el impacto. No es verdaderamente interesante, hay muchas otras cosas que se deben analizar. Trump no es el presidente que usa Twitter, es muchas otras cosas más, muy peligrosas.

– ¿Qué es lo que más le preocupa de líderes como Trump o Bolsonaro?

Me preocupa la manera con la que manipulan a la opinión pública. No hay intermediarios entre Trump y la opinión pública. No hay hombres, mujeres ni asociaciones que analicen lo que él dice, y eso genera consecuencias. La manipulación política es el peor desarrollo de estos tiempos.

– ¿Le parece democrático el proceso que atraviesa Brasil a partir de la destitución de Dilma Rousseff y la detención de Lula?

No fue totalmente democrática, fue una forzadura del régimen, fue una reacción contra lo que el gobierno de izquierda de Brasil estaba produciendo. Hay un problema ahí.

– ¿Cómo ve hoy la democracia en Brasil?

El presidente es un verdadero peligro para la democracia. Bolsonaro es un hombre blanco, machista, de derecha, que tiene compromisos con sectores religiosos fundamentalistas y con los capitalistas. Entonces no puede representar al pueblo. No sabe cómo gobernar. Fuerza continuamente algunas de las reglas principales.

– ¿Cuales son los nuevos desafíos del progresismo latinoamericano?

El desafío contemporáneo en todas las sociedades es la desigualdad. Los progresistas deben producir políticas que puedan reducirla. Pero creen que la desigualdad principal es la económica. Y no es así, hay desigualdades muy importantes, que son las sociales, es decir, ser tratado de la misma manera que todos los otros, sin privilegios y sin desventajas. Hay desigualdades de oportunidades que son fundamentales, hay culturales también. Entonces la izquierda debería formular un programa contra las desigualdades, que contienen elementos culturales y sociales, y no solo económicos.

– ¿Debe Estados Unidos conducir la salida de la crisis de Venezuela?

No, no debe. Sí tiene que decir que Maduro no es la solución de los problemas de Venezuela. Hay millones de venezolanos que dicen que no es Maduro quien va a solucionarlos. Deben decir que pueden ayudar de una manera neutral a un proceso de transición democrática. No deben forzar. No sería bueno que Trump decida el futuro del país. Los propios venezolanos tienen que encontrar la salida.

– ¿Cree que todos los gobiernos necesitan de recursos “populistas”, incluso los que llegan al poder criticándolo?

En la democracia siempre existe un poco de populismo, porque “democracia” es poder del pueblo. El problema es cómo traducir eso en gobiernos, parlamentos y políticas públicas. Pero no podemos destruir al pueblo porque es necesario, no podemos eliminar totalmente al populismo. Sí puede ganar, pero no sabe cómo gobernar. Ese es el verdadero problema de América Latina. Se necesitan asociaciones, una visión compleja del sistema político. Los que gobiernan deberían representar a la nación. Los populistas nunca lo hacen, porque a los que no los apoyan los definen como enemigos del pueblo, ese es el problema.

02 de octubre de 2019 pagina12.com

Bricolage di regole e istituzioni #HuffPostItalia Sulla legge elettorale proviamo a seguire inglesi e francesi

“… forse è il caso di riflettere più a fondo sull’alternativa fra quale proporzionale e quale maggioritario senza scegliere quello che costa meno

Non so come, dopo avere per tre volte approvato la riduzione del numero dei parlamentari, voterà la Lega. Mi chiedo con quale motivazione approveranno quella riduzione i parlamentari del Partito Democratico che, per tre volte, hanno votato contro. Non potrà essere la motivazione qualunquistica addotta dalle Cinque Stelle: il risparmio di 500 milioni di Euro che, comunque, comincerà soltanto dopo la prossima elezione del Parlamento, 2023? Rimango in attesa di capire quali saranno i freni e contrappesi da introdurre nelle procedure e nelle regole del parlamento e, immagino, dei governi venturi: frenare che cosa? Fare da contrappeso a cos’altro? Si tratta di freni e contrappesi che, già attualmente, in Italia non sarebbero utili? Il contrappeso indispensabile, sostengono i riformatori riduttori di parlamentari, è la proporzionale. Bisognerà, dunque, eliminare la componente maggioritaria della comunque pessima a prescindere (candidature multiple, liste bloccate et al.) Legge Rosato.

Introdurre la proporzionale per “salvare” i partiti piccoli, quanto piccoli?, non mi pare una motivazione particolarmente convincente, meno che mai in chiave di “contrappeso”. Lo sarebbe se i contrappesisti fossero disposti a sostenere che la presenza in parlamento dei tribuni (quelli derivanti dal fantomatico “diritto di tribuna”) servisse soprattutto a rendere difficile e complicata la formazione dei governi, tutti costretti ad essere di coalizione multipartitica, quindi, esposti a frequenti e costanti conflitti interni e poi a fare i conti con un Parlamento frammentato nel quale piccoli drappelli di parlamentari contratterebbero i loro voti. Fermo restando, adesso dovrebbero già saperlo tutti, che “la” proporzionale non esiste, ma esistono numerose varianti di rappresentanza proporzionale: soglie di accesso al Parlamento, dimensioni delle circoscrizioni, premi di maggioranza, le buonanime del Porcellum e di quell’aborto dell’Italicum erano leggi proporzionali furbescamente manipolate e corrette, quale proporzionale? Forse, un giorno si riprenderà a discutere di una legge elettorale che offra davvero potere agli elettori e che migliori la rappresentanza. Questi sono i criteri con i quali valutare la qualità della legge elettorale e giungere a effettivi freni e contrappesi.

Laddove il parlamentare sa che deve rispondere certo al partito (ma ci sono ancora partiti oppure esistono solo strutture sostanzialmente personalistiche e lideristiche?) che lo ha candidato e del quale condivide la linea politica e, parola grossa, la cultura politica, ma, forse soprattutto, agli elettori che lo hanno ascoltato e poi lo hanno votato, saremo in grado di migliorare la rappresentanza politica. Anche le leggi elettorali maggioritarie, sia di tipo inglese sia di tipo francese, offrono rappresentanza politica, che non è mai soltanto questione di numeri, ma è questione di volontà e capacità dei rappresentanti di apprendere e tradurre preferenze in comportamenti, non soltanto di voto. Avete mai sentito dire dagli elettori “non mi sento governato” e “vorrei più governo”? Certamente, li avete sentiti, giustamente lamentarsi di “non essere rappresentati”: “li eleggiamo, se ne vanno a Roma, si dimenticano di noi” (per forza, sono stati/e paracadutati/e, in quel collegio non risiedono, se sono “forti” nel partito la prossima volta verranno paracadutati/e altrove).

Gli eletti nei collegi uninominali inglesi e francesi non si sforzano di dare rappresentanza a tutto il collegio, al maggiore numero di quegli elettori? Una rappresentanza di questo tipo è il prodromo della governabilità, non un suo freno. Si configura anche come contrappeso al governo. In attesa che votino, estemporaneamente chiamati in causa — saranno loro i nuovi freni e gli originali contrappesi?, i sedicenni (quelli nati nel 2013 riusciranno, se passerà il presidenzialismo alla Salvini/Meloni, a eleggere il Presidente della Repubblica nel 2029), nessuno dei quali è stato esposto a qualche forma di educazione civica, forse è il caso di riflettere più a fondo sull’alternativa fra quale proporzionale e quale maggioritario senza scegliere quello che costa meno.

Pubblicato il 3 ottobre 2019 su huffingtonpost.it

Dialogo sulla politica all’ombra della crisi #29settembre #Telese #BN #PiccoloFestivaldellaPolitica 2019 #pfp19 @IL_PFP

Piccolo Festival della Politica
La polvere sotto al tappeto
Palingenesi senza catarsi

Parco delle Terme di Telese
Domenica 29 settembre 2019
ore 17.30

DIALOGO SULLA POLITICA ALL’OMBRA DELLE CRISI

Antonello Caporale
dialoga con

Francesco Amoretti
Gianfranco Pasquino

Algunas cosas que sé sobre las democracias @clarincom

Norberto Bobbio (1909-2004), jurista, politólogo y filósofo italiano. Autor de una vasta obra, recordado por Gianfranco Pasquino en este nota exclusiva

Sentados en algún café parisino con un Gauloise entre los dedos y un Pernod sobre la mesa, refugiados por un fin de semana en una cabaña que da a un lago alemán, en torno a una mesa en donde se critica severamente y ruidosamente algún gobierno latinoamericano, en un congreso de colegas politólogos y sociólogos, en una risueña ciudad balnearia, en la reunión de redacción de algún diario progresista de Roma, en un debate entre autorizadísimos docentes de Harvard y con sus libros mundialmente exitosos, muchos pensativos intelectuales del más diverso tipo denuncian con gesto apesadumbrado que la democracia está en crisis, es una causa perdida, no podrá ser salvada.

Acurrucados en alguna prisión china, prófugos en la selva africana, acosados por los servicios secretos rusos, bajo un sistema de protección porque se ha lanzado una fatwa en su contra, maltratados en una plaza de Estambul, confrontando con la policía de Hong Kong, miles de hombres y mujeres luchan en nombre de la democracia —sí, justamente esa, la occidental, que han visto en la televisión y en las películas norteamericanas, que han observado en persona como inmigrantes en Europa o los Estados Unidos, o como estudiantes en Oxford, Harvard, París o Berlín— organizan manifestaciones, escriben proclamas, reclutan adherentes, algunas veces arriesgan a sabiendas su vida, se prenden fuego.

Por ningún otro régimen, por ningún otro ideal, nunca, tantas personas de nacionalidades, colores, edades y géneros diversos, se han empeñado en hacerlo, conscientemente.

¿Crisis de la democracia entonces? ¿Crisis de los ideales, es decir, de aquella situación en la cual el pueblo (demos) tiene el poder (kratos) de decidir de tanto en tanto quién debe gobernar, por cuánto tiempo y cómo, tomando decisiones y dejando que sea el pueblo, es decir los ciudadanos, los que deciden en elecciones

libres y periódicas, si aceptan, protestan, intentan modificar las cosas sin el uso de la violencia (“las cabezas no se cortan; se cuentan”)?

No, el ideal democrático no está para nada en crisis, incluso si parece ser despreciado por los populistas que desean que un solo hombre (nunca entendí por qué no podría ser una mujer) los represente, los lidere, los guíe hacia el futuro.

Sin embargo, cuando estos populistas toman el poder, su “guía” y su “liderazgo” se revela rápidamente como autoritario e interesado no en el bienestar del pueblo, sino en los privilegios de los grupos que sostienen a los líderes populistas, mientras los que buscan combatirlos

son definidos de inmediato como “enemigos del pueblo”.

De todos modos, una franja populista va a existir siempre en todas las democracias. Hace poco esto se ha manifestado también en los Estados Unidos de Trump y en la Gran Bretaña de Boris Johnson. El pueblo que los ha votado y los sostiene es el de los hombres blancos de escaso nivel de formación, que se sienten amenazados, no tanto económicamente, sino más bien culturalmente: en su identidad (Americans first; English, not Europeans).

Si, entonces, el ideal de la democracia está vivo y sigue siendo atractivo, ¿por qué se escribe por todos lados que hay una crisis de la democracia?

Se hace esto, en mi opinión, cometiendo un grave error. En las democracias contemporáneas realmente existentes, que hoy son más numerosas que nunca, más o menos 90, dependiendo de las estimaciones, en estas democracias hay problemas de funcionamiento, surgen desafíos, incluso para las instituciones, aparecen dificultades en la relación entre el pueblo, los votantes más o menos organizados, y sus representantes y gobernantes.

A veces los problemas, los desafíos y las dificultades dependen de la baja calidad de las élites políticas que, aunque están atravesadas por la globalización, no logran comprender que el mundo ha cambiado. Con mayor frecuencia, los numerosos sistemas políticos europeos, sobre todo en Italia, pero también en Grecia, España y Austria, es la crisis de

los partidos tradicionales y clásicos lo que hace que sea dificilísima una solución efectiva y duradera. Bobbio habría destacado el declive de la cultura política de los partidos, de derecha pero sobre todo de izquierda.

Sartori habría hecho notar que allí donde la competencia entre los partidos no se desarrolla de manera vigorosa y rigurosa, los ciudadanos votantes quedan insatisfechos.

Su insatisfacción se refleja en la valoración negativa de la democracia en la que viven, en la búsqueda de nuevos partidos, muchos de los cuales han nacido en los últimos veinte o treinta años, en la mucho más alta volatilidad electoral. Gobiernos que no pueden programar su actividad y sus reformas porque saben/temen que no durarán

demasiado, no logran mejorar la vida de los ciudadanos. La distancia entre la democracia real y la ideal se hace más grande.

Los ciudadanos insatisfechos protestan, pero la solución, que no puede ser nunca definitiva, no aparece. Mientras los intelectuales se complacen en sus muy agudas críticas, los ciudadanos democráticos continuarán buscando soluciones dentro de la democracia, reformándola. Afuera sólo hay caos.

26/09/2019 Copyright Gianfranco Pasquino y Clarín, 2019.

Gianfranco Pasquino es profesor emérito de Ciencia Política en la Universidad de Bologna. Su libro más reciente es Bobbio e Sartori. Capire e cambiare la politica (2019).

Bobbio, la demócracia exigente #ConferenciaInaugural “Debatiendo la democracia a 110 años del nacimiento de Norberto Bobbio: política, filosofía y derecho” Centro Ítalo Argentino de Altos Estudios (UBA)@UBAonline @CpoliticaUBA @ubasociales @ubaglobal #UBAInternacional #CIAAE

El Centro Italo Argentino de Altos Estudios (CIAAE) invita a las Jornadas “𝐃𝐞𝐛𝐚𝐭𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐜𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚 𝐚 𝟏𝟏𝟎 𝐚ñ𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐧𝐚𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐍𝐨𝐫𝐛𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐁𝐨𝐛𝐛𝐢𝐨: 𝐩𝐨𝐥í𝐭𝐢𝐜𝐚, 𝐟𝐢𝐥𝐨𝐬𝐨𝐟í𝐚 𝐲 𝐝𝐞𝐫𝐞𝐜𝐡𝐨” que que se desarrollarán los días  𝟐𝟔 𝐲 𝟐𝟕 𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐩𝐭𝐢𝐞𝐦𝐛𝐫𝐞 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Salón Azul e Instituto Gioja).

Dos días dedicados a dialogar sobre las principales características y desafíos de nuestras sociedades democráticas, a través de conferencias magistrales y paneles a cargo de destacados intelectuales y profesores argentinos e italianos, quienes recuperarán la obra de Norberto Bobbio para pensar el futuro de la democracia.

Jueves 26 de septiembre a las 9 a.m.
Salón Azul, Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires

Conferencia inaugural 

Gianfranco Pasquino

Bobbio, la demócracia exigente 

La ciencia política que queremos #BuenosAires #25septiembre @UBAonline @CpoliticaUBA @ubasociales @ubaglobal #UBAInternacional #CIAAE

En el marco de su visita a Argentina para participar de las Jornadas Democracia – Norberto Bobbio, Centro Ítalo Argentino de Altos Estudios (UBA), el profesor Gianfranco Pasquino estará presentando su último libro “Bobbio e Sartori. capire e cambiare la politica” en el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA el próximo miércoles 25 de septiembre a las 18.00 horas.

miércoles 25/9/2019 – 18 horas
AUDITORIO Sede Santiago del Estero, 1029, CABA
Entrada libre y gratuita
¡Lxs esperamos!

 

BOBBIO E SARTORI CAPIRE E CAMBIARE LA POLITICA
Egea Università bocconi editore

Che bello il ritorno alle leggi elettorali…

Non sta scritto da nessuna parte che, riducendo il numero dei parlamentari, diventi indispensabile elaborare una legge elettorale proporzionale. Il verbo giusto non è “tornare” come troppi affermano. Infatti, la vigente Legge Rosato è due terzi proporzionale e un terzo maggioritaria, ma la sua logica è sostanzialmente proporzionale. La distribuzione dei seggi varia di poco rispetto ai voti ottenuti dai partiti, tranne che per la Lega, avvantaggiata (ma ingrata) dall’essere stata in coalizione con Forza Italia e Fratelli d’Italia. Chi dice che passando a 400 deputati e 200 senatori (gli esponenti del M5S vantano un risparmio di 500 mila Euro che, però, comincerà nel 2023) l’adozione di un sistema maggioritario renderebbe difficile la rappresentanza dei partiti piccoli sbaglia. Nei collegi uninominali, che avrebbero dimensioni ancora accettabili, non enormi: 125 mila elettori circa per ciascun deputato e 250 mila circa per ciascun senatore, i partiti piccoli avrebbero sempre la possibilità di vincere presentando candidature eccellenti oppure alleandosi in maniera appropriata. Tuttavia, quello che conta per chi desidera finalmente una buona legge elettorale è il potere degli elettori. Con l’attuale Legge Rosato e con la precedente legge Calderoli (nota come Porcellum) gli elettori italiani hanno solo potuto dare un voto al partito prescelto e nulla più. Né nel maggioritario inglese né, ad eccezione di pochi paracadutati, nel maggioritario francese sono possibili candidature bloccate, plurime (con dirigenti di partito presenti anche in cinque collegi), paracadutate in luoghi nei quali non hanno radicamento e non hanno nessuna intenzione di tornare, alla faccia della rappresentanza politica e del territorio. Ecco perché è assolutamente improbabile che questi due sistemi elettorali vengano scelti prossimamente.

Maggioritario, è opportuno sottolinearlo ad usum di Prodi e Veltroni, ma anche di Renzi, non è un sistema elettorale proporzionale corretto da un premio, più o meno grande, in seggi che, comunque, dovrebbe rispettare alcune indicazioni già espresse dalla Corte Costituzionali e consentire agli elettori di esprimere almeno una preferenza. La verità è che ancora una volta i dirigenti di partito impostano il discorso sulla riforma elettorale mantenendo come priorità i loro interessi specifici di corto periodo. Così è facile prevedere che non ne uscirà nulla di buono e neppure di duraturo. Nel futuro prossimo altri dirigenti valuteranno altre loro preferenze e vorranno nuovamente riformare la legge. Nel frattempo, Salvini, improvvisamente diventato maggioritario, ha lanciato una proposta, non originale, a lungo cavallo di battaglia dei neo-fascisti e dei loro successori: l’elezione popolare diretta del Presidente della Repubblica nel 2029. Lui si accontenterebbe di questo, sicuro di eleggere finalmente un Presidente di destra. Chi si intende di Costituzione e di istituzioni, tematiche ostiche per il leader della Lega, vede in questa proposta unicamente avventurismo.

Pubblicato AGL il 24 settembre 2019

Domandona preliminare da porre a chi vi parla di #LeggeElettorale “Quale è l’ultimo libro/articolo che hai letto sui sistemi elettorali?” #ignoranti #manipolatori

Torna il sexissimo dibattito sulle leggi elettorali. Usando sempre rigorosamente il plurale, sistemi proporzionali e sistemi maggioritari, è subito il caso di affermare ad altissima voce che il criterio dominante di qualsiasi scelta deve essere quello del potere degli elettori. Ridotti i deputati a 400 e i senatori a 200, sia il maggioritario inglese sia quello francese a doppio turno sono praticabili. I collegi uninominali dei deputati avrebbero 125 mila elettori; quelli dei senatori 250 mila, tutti raggiungibili facendo campagna sul territorio. I proporzionalisti hanno l’obbligo di trovare un’altra, non l’ampiezza dei collegi, giustificazione per la loro proposta.

 

#Intervista Gianfranco Pasquino: “quello tra M5S e PD può essere governo di legislatura” @CattaneoZanetto @PaoloZanetto

Pubblicato in OSSERVATORIO Trend · Politica · Economia N.8 | Sett. 2019

La soluzione della crisi ha preso la via parlamentare, trovando una nuova maggioranza imperniata su PD e M5S. In base alla natura dei suoi componenti, sono reali le prospettive di un governo di legislatura?

Sono reali, le due forze politiche si sono messe d’accordo per fare un governo che duri. In primis perché in caso contrario sarebbe un fallimento che pagherebbero davanti agli elettori, e quindi perché deve fare delle riforme che producano effetti positivi: perché ciò sia possibile è necessario un Governo che abbia prospettive di lunga durata. L’obiettivo è sicuramente un Governo di Legislatura, poi ovviamente possono accadere degli inconvenienti, qualcosa che al momento non si può prevedere, ma dire che questo è un Governo a termine sarebbe profondamente sbagliato.

Quali sono le reali differenze che il M5S potrà imprimere alla sua nuova esperienza di governo e che tipo di alleato sarà il PD rispetto alla Lega?

Mi pare che tanto la leadership del Movimento 5 Stelle quanto quella del PD non si esprimano con la stessa assertività che caratterizzava la Lega. Questa mi sembra essere la differenza positiva, che vi siano uomini e donne in grado di dialogare senza prevaricare. La seconda differenza è che, secondo me, insieme interpretano meglio il Paese. Intendiamoci, Salvini rappresentava una parte di Italia esistente, che vuole bloccare l’immigrazione, che vuole la legge sulla legittima difesa. Questa non è però maggioritaria e forse non corrisponde neanche a quel 33 per cento che i sondaggi attribuivano alla Lega. Movimento 5 Stelle e Partito Democratico, invece, interpretano una parte più ampia del Paese.

L’alleanza tra Lega e M5S aveva visto una continua competizione per l’assegnazione di risorse alle misure economiche e fiscali di riferimento, nell’ottica di una continua ricerca di consenso. Nella prossima manovra di bilancio è verosimile vedere ancora simili rivendicazioni o prevarrà la necessità di stabilità fiscale e certezza sul contenimento dell’IVA?

Non sono così preoccupato dall’aumento dell’Iva onestamente, ma credo che M5S e Pd sappiano che l’obiettivo primario deve essere il rilancio dell’economia, e quindi non possono permettersi di buttare soldi in maniera redistributiva. Questo l’hanno imparato anche i Cinque Stelle. Poi credo che molto dipenderà anche da chi sarà nominato Ministro dell’Economia e come Commissario europeo, che sarà poi quello che dovrà spiegare all’Europa cosa faremo con la nostra manovra economica. Vi deve quindi essere una figura competente, credibile, con passate esperienze di Governo e che sia soprattutto nota a livello internazionale.

Una maggioranza di questo colore sembra peraltro molto più in sintonia con i nuovi vertici dell’Ue: questo si tradurrà in margini più morbidi sui conti pubblici?

Su questo bisogna trattare con Bruxelles, occorre chiedere sapendo cosa dare in cambio. Qui, la “moneta” italiana, che si vorrebbe vedere all’estero, è la credibilità. L’idea è che si possa anche dare qualche margine di flessibilità in più, ma l’Italia deve essere credibile in quello che promette, mantenere gli impegni che si prende. Molto dipende dalle persone.

Riguardo le riforme proposte, la base programmatica della nuova alleanza prevede la conclusione della riforma costituzionale atta a ridurre il numero dei parlamentari, a cui sarà probabilmente legata un’ulteriore revisione della legge elettorale: è questa la maggioranza giusta per proporre un ritorno al proporzionale e ridurre le storture create con il Rosatellum?

Il Movimento 5 Stelle è sempre stato a favore di una legge proporzionale. Anche nel Pd c’è, certamente, una componente che sostiene questa linea. Passare a un sistema maggioritario vero mi pare un’operazione assolutamente improponibile. Si può fare una buona legge elettorale proporzionale, magari con una piccola soglia di sbarramento, con i collegi disegnati in modo competitivo, evitando candidature plurime e paracadutati. Si può portare a termine anche la riduzione dei Parlamentari. Renzi, sostanzialmente, nella sua riforma aboliva i Senatori, e dunque si potrebbe andare benissimo anche in quella direzione. Chiaro che poi occorre saper creare pesi e contrappesi, cercare di far sì che il Parlamento funzioni in modo adeguato per controllare il Governo. Si tratta evidentemente di un’operazione complessa, ma fattibile.